He visto
muchos creyentes, que impresionados por los dones espirituales de algunos
hermanos, se han enredado torpemente en lazos de vanidad, pecado y
apostasía por falta de entendimiento, discernimiento o prudencia. Esto es producto
del falso dogma que para ser espiritual, necesariamente, debe haber manifestaciones
sobrenaturales o “frutos”, la mayoría terrenales, dados por Dios a los hijos o
“ungidos” basados en una errada doctrina de tendencia pseudo cristiana que
trata de dar un status espiritual de relevancia a ciertos hombres, como si eso
fuera lo más importante.
jueves, 31 de enero de 2019
martes, 22 de enero de 2019
¡NO TIENE PERDÓN DE DIOS!
Hay una gran cantidad de afecciones que residen
en el alma que generan patrones extraños de conducta, percepción, creencia, pensamiento,
emociones y sentimientos ya sea de manera individual o colectiva, que la
sociedad considera normal, totalmente alejado a lo que el Señor ha dispuesto y que
traen consigo consecuencias para la eternidad: Marcos 8:36 “Porque ¿qué
aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”; Isaías 5:20-23 “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la
luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo
dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son
prudentes delante de sí mismos! ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y
hombres fuertes para mezclar bebida; los que justifican al impío mediante
cohecho, y al justo quitan su derecho!”.
Por eso, cualquier pensamiento o consejo (aunque
venga de Dios) si es contrario al mío, me resulta muy molestoso y tengo la tendencia
a ignorarlo, rechazarlo o bloquearlo, creando conflictos internos, desarrollando
conductas paranoide caracterizada por el señalamiento, la culpa, el juicio, la desconfianza
generalizada, ya que no somos capaces de aceptar nuestra condición de pecado y nos
negamos a morir en esa área de nuestra vida; Lucas 9:23 “Y decía a todos: Si alguno
quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y
sígame”; Salmo 10:3 “Porque el malo se jacta del deseo de su alma, Bendice al
codicioso, y desprecia a Jehová”.
Entonces prefiero enfocarme en las fallas y los
pecados de otros, ya que realmente no conozco la dimensión del perdón de Dios,
ni la acepto porque no estoy preparado para dar y recibir de su amor; Lucas
18:11 “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te
doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos,
adúlteros, ni aun como este publicano”; Proverbios 3:5-6 “Confía en Jehová con
todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. En todos tus
caminos tómalo en cuenta, y él mismo hará derechas tus sendas”. Isaías 43:25
“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré
de tus pecados”.
Como no hemos aprendido a perdonar, proferimos
expresiones tales como: ¡Se pide disculpas, porque Dios es el único que
perdona!, ¡Yo perdono, pero no olvido!, ¡Que te perdone Dios, pero yo no!, ¡Eso
que hice, no tienes perdón de Dios! entre otras a sabiendas que el Señor enseño
en: Lucas 11:4 “Perdona nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a
quienes nos ofenden…”; es por eso que se crea un conflicto emocional, una inestabilidad
a través de pensamientos obsesivos e impulsivos que nos llevan al caos, por
falta de presencia del Dios vivo, aun siendo “cristianos”; y cuando somos confrontados
entonces empezamos a justificar nuestras acciones echándole la culpa a otros
colocando muros, barreras o límites a nuestras vidas como “protección”, asociándonos
con otros que andan en igual o peores condiciones como buscando apoyo moral,
haciendo un cerco espiritual que nos aparta del único que tiene el poder de
sacarnos del atolladero en que nos hemos metido, el Señor Jesucristo. Isaías
25:12 “Y abatirá la fortaleza de tus altos muros; la humillará y la echará a
tierra, hasta el polvo”; Salmo 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, En vano
trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la
guardia”; Gálatas 5:1 “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos
hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.
¿POR QUÉ NO HAY PERDÓN EN MI VIDA?
1. Porque
no se me ha revelado el amor de Dios y sus riquezas en gloria, estoy muy lejos
de sus enseñanzas, no hay tolerancia en mí. Efesios 1:7 “en quien tenemos
redención por su sangre, el perdón de pecados…”; 2 Corintios 11:19-20 “porque
de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos. Pues toleráis si
alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno
se enaltece, si alguno os da de bofetadas”; 1 Corintios 13:7-8 “Todo lo sufre,
todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser…”;
Lucas 6:35 “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no
esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del
Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos”.
2. Porque
invalido su pacto de gracia establecido por Jesucristo en la cruz, por falta de
sincero arrepentimiento, tratamos de condicionarlo a nuestros caprichos. Lucas
23:34 “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…”; Efesios
2:8 “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues
es don de Dios”; Hechos 26:20 “…se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas
de arrepentimiento”; Levítico 26:14-16 “Pero si no me oyereis, ni hiciereis
todos estos mis mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma
menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e
invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros
terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y
sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán”.
3. Porque
poseo una vida espiritual inestable, el viejo hombre prevalece, soy débil, pierdo
la fe en Dios, me dejo envolver doctrinas de hombres, con episodios de paranoia
terrenal, el afán es la orden del día, no concilio la paz a pesar de mis
esfuerzos, no he velado lo suficiente, dudo de todo, voy de redil en redil,
buscando pasto seco, tratando de llenar un vacío, que sólo Cristo puede saciar.
Efesios 4:22-23 “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo
hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el
espíritu de vuestra mente”; Santiago 1:6 “Pero pida con fe, no dudando nada;
porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el
viento y echada de una parte a otra”; Hechos 10:43 “De éste dan testimonio
todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de
pecados por su nombre”.
4. Porque
paso de la calma a la ira, ansiedad o desesperación en segundos, por falta de
sometimiento al Espíritu Santo, no hay conversión, me dejo controlar por mi
alma, vivo bajo las emociones, destacando el odio, el rencor y la venganza,
estableciendo relaciones enfermizas, tendientes a idolatrar a cosas, personas o
potestades. Colosenses 3:5 “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación,
impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”; Habacuc
2:4 “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece;…”; Deuteronomio
4:9 “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te
olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos
los días de tu vida;…”; Hechos 26:18 “…para que reciban, por la fe que es en
mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”.
El
perdón de Dios ha sido entregado por amor al subir nuestro Señor a la cruz y
morir por nosotros, queda de parte de nuestra creerlo y aceptarlo, pero eso sí,
con fe, convencidos que lo hemos recibido; ahora nos toca mantenernos en temor
y santidad, para honrar y glorificar tal sacrificio, de lo contrario estamos pisoteando
la preciosa sangre de Jesús, convirtiéndonos en impíos.
Oremos: Mi Señor tu eres un Dios bueno y precioso, me
diste de tu perdón y hasta ahora lo había menospreciado, que torpeza la mía, piedra
de tropiezo había sido mi insensatez e imprudencia, mi falta de conversión y un
arrepentimiento defectuoso, lleno de religiosidad, que prefería pecar y pecar
sin considerar que cada vez que lo hacía, estaba pisoteando tu preciosa sangre;
Señor con revelación quiero pedirte perdón, ya no quiero decirle a lo malo bueno,
ni a lo bueno malo, sigue trayendo palabra filosa, más cortante que espada de
dos filos que penetre hasta los tuétanos, lo más profundo de mi ser y abra mi
alma en dos y permita sacar la inmundicia que hay en mí. Gracias Señor, porque
puedo pedirte perdón con entendimiento, sé que he odiado y he guardado rencor,
por eso te pido perdón, no quiero pensar
vengarme ni siquiera por las ofensas de otros, prefiero pasar por el oprobio
con tu bendición, que por la dulzura de los deseos de venganza que traen muerte amarga.
Señor ten misericordia de mí, mi corazón tiene vergüenza ante tu presencia, recíbelo
y límpialo, para que un día pueda ser digno de ti y pueda sentarme a tu lado y
disfrutar de tu hermosa presencia. Te amo Padre de los cielos, bendito sea tu
nombre. Amén.
jueves, 10 de enero de 2019
EL MINIMALISMO ESPIRITUAL
Muchas
personas que he considerado sabias e inteligentes, asiduos lectores, me han
comentado que cuando han leído y tratado de entender la palabra les ha sido
infructuoso y me preguntan ¿Cuál es el secreto?; les explico que es necesario andar
en comunión con el Señor, pidiéndole al Espíritu Santo que le enseñe y revele
lo que el Padre quiere expresar a través de su palabra; Juan 14:26 “Mas el Consolador,
el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas
las cosas,…”; 1 Corintios 2:10 “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el
Espíritu;…”; pero, esta gran verdad, seguramente es china para algunos o para
otros posiblemente sea una locura ya que no conocen al Dios vivo; 1 Corintios
2:14 “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,
porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir
espiritualmente”, entonces se presenta el minimalismo espiritual como estilo de
vida, es decir, reducir sus necesidades espirituales al mínimo, restándole
importancia a la esencia de Dios, por falta de entendimiento.
Si
observamos lo que nos dice el Señor en Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”; apreciamos
que el hombre producto de su pecado, se ha convertido en minimalista espiritual,
sin excepción, ya que ha reducido su vida espiritual a lo mínimo, a la simpleza
de la vida terrenal, ya que es mejor disfrutar un momento o un período de “felicidad”
que buscar del Señor, sin medir las consecuencias eternas, el objetivo de esta
actitud quizás sea para satisfacer un alma vacía, confundida y ocupada con
tantas tonterías, o para obtener alguna
añadidura al mínimo esfuerzo, una bendición express, de acuerdo a estándares y
consejos humanos que persiguen algún oscuro interés, que sin duda, tarde o
temprano, será develada cuando se exponga todo a la luz; Mateo 16:26 “Porque
¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?...”;
Efesios 5:13 “Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz,
son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo”; Isaías 30:1
“¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí;
para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!”.
De
lo anterior nace la torpeza de obviar lo esencial, sobre todo si distraemos
nuestra atención en elementos que no edifican nuestra vida, apartándonos del reino
de celestial y su justicia. Por eso se hace necesario discernir que el gozo
pleno de Dios se manifiesta cuando nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, ya
que ni lo alto, ni lo profundo, ni la adversidad, ni enfermedad, ni cualquier
circunstancia, nada absolutamente nada, podrá apartarnos del amor de Dios,
siempre y cuando nuestro corazón esté dispuesto a buscarlo, de manera temerosa
y humillada, sometiéndome a su voluntad entendiendo que debemos ser una ofrenda
grata en su presencia; es, entonces, cuando empezamos a ver los frutos reales y
apreciar la nueva vida, manifestada en conversión.
Pero,
¿Cuál es el problema, por qué esto no ocurre? El problema radica en que nadie
está dispuesto a pagar el precio realmente, entonces utilizamos a Dios,
convenientemente, como plan B, es decir de respaldo, de bombero (por si acaso,
para atender mis contingencias), restándole la importancia debida,
menospreciando su nombre, en otras palabras: ¡Cometemos minimalismo en contra del
Señor!; Malaquías 1:6 “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si,
pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor?
dice Jehová de los ejércitos a vosotros…”.
¿CUÁNDO COMETEMOS
MINIMALISMO EN CONTRA DEL SEÑOR?
1. Al
actuar con incredulidad o duda del poder de Dios; Romanos 14:23 “Pero el que duda sobre
lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene
de fe, es pecado”; 2 Pedro 2:16 “y
fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con
voz de hombre, refrenó la locura del profeta”; 2 Corintios 6:14 “No os unáis en
yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia
con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”.
2. Al
prevalecer la mentira, la falta de amor, el hurto y el ocultismo en nuestra
vida, convirtiendo en anatema las cosas santas; Gálatas 1:8 “Mas si aún nosotros, o un
ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos
anunciado, sea anatema”; Josué 7:11 “Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi
pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado,
han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres”; 1 Corintios 16:22 “El
que no amare al Señor Jesucristo, sea anatema…”; 1 Juan 4:20 “Si alguno dice:
Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su
hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”.
3. Cuando
predomina la insensatez, astucia, rebeldía, desconfianza, suspicacia, malicia, la
manipulación del débil, la envidia y repugnancia, dejándose
arrastrar por el alma por falta de conversión; Tito 3:3 “Porque nosotros
también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de
concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia,
aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros”; Santiago 1:21 “Por lo cual,
desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la
palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”.
4. Al
vivir en tribulación, afán, angustia, susceptible a mi entorno, circunstancia o
adversidad, siendo enfermizos espirituales que necesitan ser sanados; Romanos 8:35 “¿Quién nos separará del
amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez,
o peligro, o espada?; Mateo 13:22 “El que fue sembrado entre espinos, éste es
el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas
ahogan la palabra, y se hace infructuosa”; Marcos 2:17 “Al oír esto Jesús, les
dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido
a llamar a justos, sino a pecadores”.
5.
Cuando no velamos por nuestra vida
espiritual, la carne prevalece, somos débiles de la fe, endebles, inseguros,
buscamos refugiarnos en hombres y olvidamos al Señor; 1 Corintios 10:12 “Así que, el que
piensa estar firme, mire que no caiga”; Mateo 24:43 “Pero sabed esto, que si el
padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no
dejaría minar su casa”; 1 Corintios 3:4-5 “Porque diciendo el uno: Yo
ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué,
pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis
creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor”.
6.
Preferimos la hipocresía, la apariencia
y la incertidumbre como tratando de adivinar, dando pasos a ciegas de manera aleatoria
sin consultar al Espíritu Santo, pretendiendo guiar a otros ciegos; Mateo 23:26 “¡Fariseo ciego! Limpia
primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea
limpio”; Lucas 6:39 “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos
en el hoyo?”; 2 Timoteo 3:2-5 “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros,
vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,
sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores
de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más
que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella;…”.
Oremos: Padre de los cielos cuantas veces no
le dado la importancia debida a tu palabra; tú me has dicho que te ame sobre
todas las cosas, sin embargo he ocupado mi vida de tantas tonterías que te he
desplazado, menospreciando tu presencia, olvidando la esencia a la cual me
llamaste, he puesto tu obra en segundo plano cuando me exhortas a buscar
primero tu reino y tu justicia. Perdóname Señor no soy digno de ti, cada vez tu
espada penetra más profundo hasta llegar a la empuñadura haciendo morir al
viejo hombre, gracias mi Dios, por tanto amor, tanta misericordia, gracias
porque pusiste tu mirada en mí; revélame, enséñame Señor, si soy minimalista
que sea para desechar todo lo terrenal por causa de Cristo y conocer su esencia,
pura y santa, ya no quiero ser igual. Te amo Padre, bendito sea tu nombre Jesús. Amén…
domingo, 16 de diciembre de 2018
METIENDO LA PATA
“Meter la pata” es una expresión muy común utilizada en
el lenguaje cotidiano de los latinoamericanos, suele referirse a la falla, error o torpeza cometida por una
persona de manera inoportuna o inapropiada por una cuestión equivocada
que denota ignorancia, ineptitud, impulso, nerviosismo o simple estupidez
producto de un alma no sometida, en otras palabras, tendiente a embarrarla
pues.
Hay quienes la relacionan directamente con el
acto en el creyente de meter las de caminar (cae) en una trampa colocada por el
cazador (piedra de tropiezo o lazo del enemigo) y queda apresado (encarcelado o
esclavizado), como por ejemplo un matrimonio obligado, aceptar un embarazo por
compromiso, cegarse ante una estafa por el deseo de enriquecerse inmediatamente,
comprar cosas del mundo que no hacen falta, etc., manipulaciones que la persona
llega a discernir después que sufre en carne propia y pierde la libertad espiritual
que Cristo le dio en la cruz, justamente cuando toda la verdad sale a luz,
diciendo: ¡Qué tonto fui!
Otras metidas de
patas, son con conocimiento de causa producto de la maldad de reside en nosotros,
la concupiscencia; por lo general nuestra carne y alma (mente, emociones, sentimientos,
deseos, etc.) impiden un genuino arrepentimiento y perdón, entonces
utilizamos la razón para evaluar los daños, consejo y/o amenaza sin consultar
al Espíritu Santo, tratando de salvarnos de la situación o circunstancia,
entonces: huimos, aceptamos las cosas condicionadamente o por puro interés,
como tratando de engañar a Dios, sin doblegar nuestra dura cerviz, a sabiendas
que Él conoce nuestro corazón y que por todo daremos cuentas ante su presencia.
Cuando no hay
arrepentimiento y perdón metemos la pata, si hacemos un estudio epistemológico
de la palabra arrepentimiento observamos que tiene dos tendencias: (a) proviene
del francés “repentir” que a su vez deriva del latín tardío “poenitere” que
quiere significar “ser penitente”, es decir la carga que una persona lleva por
algo que ha hecho, dicho o dejado de hacer. Quien se arrepiente, por lo general,
cambia de actitud, siempre y cuando ha perdonado de corazón o ha pedido perdón a
Dios, lo que lo lleva a dejar de ser un consecuente metedor de pata, ya que existe
una conversión profunda, logrando negarse a sí mismo. (b) del griego "metanoeo"
que traduce arrepentimiento, significando “cambio de mente”, y pudiéramos agregar
cambio de mente en Espíritu, lo que implica un cambio total de su perspectiva con
respecto el pasado, presente y futuro, donde se evalúa muchas cosas previamente
bajo la lupa de Dios, lo que conlleva a la comprensión de quién soy en Jesucristo, quién es
el que culpa y tengo conocimiento pleno de que he hecho, hago o haré de malo.
Es en este momento es cuando se toma la decisión de cambiar de vida, de conducta,
actitud, orientación o dirección producto del control del Espíritu Santo; sino sigo
revolcándome en mi cieno, ya que me niego a ser consumido por el fuego
purificador del Señor, la santidad manifiesta, que debería ser el indicio de que
quiero presentar una obra digna de arrepentimiento, lo demás es pura religiosidad.
¿CUÁNDO METEMOS LA
PATA CON EL SEÑOR?
1.
Cuando no hay conversión en nuestra vida, el pecado y las tinieblas
prevalecen por falta de discernimiento, orgullo o vergüenza; preferimos dar
vueltas en nuestro desierto u ocultarnos igual como lo hizo Adán y Eva que los
sacó del plan original de Dios. Jeremías 14:10 “Así ha dicho Jehová acerca de
este pueblo: Se deleitaron en vagar, y no dieron reposo a sus pies; por tanto, Jehová
no se agrada de ellos; se acordará ahora de su maldad, y castigará sus pecados”.
2.
Al estar justificando nuestro pecado, con pensamientos perversos, cuidando
las apariencias, a sabiendas que daremos cuenta por ello. Proverbios 6:18 “El
corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al
mal”; Marcos 9:45 “Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es
entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al
fuego que no puede ser apagado”.
3.
Al resbalar por la autosuficiencia y la sabiduría terrenal, que nos aparta
de la palabra de Dios, prevaleciendo el conocimiento humano, el poder y las riquezas,
lejos del temor al Señor. Salmo 37:31 “La ley de su Dios está en su corazón; Por
tanto, sus pies no resbalarán”.
4.
Cuando andamos o permanecemos en reino dividido; cuerpo, alma y el espíritu
alejados de la presencia del Espíritu Santo, hijos de Dios llenos de religiosidad,
corrupción y tinieblas; siendo presas fáciles del mal y sus maquinaciones. Daniel
2:41-42 “…será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro,
así como viste hierro mezclado con barro cocido. Y por ser los dedos de los
pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte
fuerte, y en parte frágil”; Marcos 3:24 “Si un reino está dividido contra sí
mismo, tal reino no puede permanecer”.
5.
Al olvidar mantener la Janukía encendida, sin la luz del Dios viviente ni
el aceite del Espíritu Santo, quienes me dan firmeza en los caminos escollados o
difíciles. 2 Samuel 22:34 “Quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar
firme sobre mis alturas”; Salmo 119:105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y
lumbrera a mi camino”.
6.
Cuando amamos más al mundo y sus deleites que a Dios. Convirtiéndose en impíos,
idólatras, fornicarios, llenos de una luz de tinieblas. 1 Samuel 2:9 “El guarda
los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será
fuerte por su propia fuerza”.
7.
Al dejar de cumplir los votos de anunciar el evangelio de la paz por la maldad,
rebeldía, pereza o procrastinación espiritual que hay en nosotros, creyendo que tenemos tiempo de
sobra, postergando la instrucción del Señor de ¡Id y Haced!; Nahúm 1:15 “He
aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la
paz. Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus votos; porque nunca más volverá
a pasar por ti el malvado…”; 2 Corintios 6:2 “…He aquí, ahora es el tiempo
propicio; he aquí, ahora es el día de salvación”; Romanos 10:15 “¿Y cómo predicarán
si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los
que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!”.
¿DÓNDE EL SEÑOR QUIERE
PONER NUESTROS PIES?
1.
Sobre tierra santa, tierra fértil donde damos fruto y nos gozamos de estar
cara a cara con Él. Éxodo 3:5 “…quita tu calzado de tus pies, porque el lugar
en que tú estás, tierra santa es”.
2.
Dentro del lavatorio del tabernáculo personal, en su altar para que
nuestra maldad e inmundicia diaria sea lavada para traer vida. Éxodo 30:20-21 “Cuando
entren en el tabernáculo de reunión, se lavarán con agua, para que no mueran; y
cuando se acerquen al altar para ministrar, para quemar la ofrenda encendida
para Jehová, se lavarán las manos y los pies, para que no mueran. Y lo tendrán
por estatuto perpetuo él y su descendencia por sus generaciones”; Juan 13:8 “Pedro
le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no
tendrás parte conmigo”.
3.
Frente a la adversidad para probar nuestra fe, para tener la confianza plena
en Él. Josué 3:13 “Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que
llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del
Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de
arriba se detendrán en un montón”.
4.
En sus caminos de conversión, para que nunca caigamos por las piedras de
tropiezo ni el lazo de nuestros enemigos: el mundo, la carne y satanás. Job
23:11 “Mis pies han seguido sus pisadas; Guardé su camino, y no me aparté”; Salmo
25:15 “Mis ojos están siempre hacia Jehová, Porque él sacará mis pies de la red”.
5.
Sobre la peña, la roca del Cristo, la que endereza mis pasos y me hace
caminar correctamente. Salmo 40:2 “Y me hizo sacar del pozo de la
desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis
pasos”; Mateo 15:30 “Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos,
mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron a los pies de Jesús, y
los sanó”.
Oremos: Padre de los cielos, puedo
discernir en el espíritu que he cometido tantos pecados, errores, torpezas en
contra tuya y tengo tanto que pedir perdón por haber metido muchas veces la
pata; Señor vergüenza tengo, y vengo a este tabernáculo personal a que me laves
con tu amor y misericordia; gracias mi Dios porque puedo venir confiadamente,
con un corazón contristo y humillado a suplicar por tu Espíritu, trae a mi: conversión, testimonio y santidad. Quiero caminar con tu luz, se lumbrera para
mis pies, endereza mis pasos y no permitas que caiga en los lazos del enemigo,
que su red no me atrape; Hoy quiero vestirme de santidad, quiero que mis
vestimenta sean lavadas con la sangre que derramaste en la cruz, porque me
siento indigno, como puedo amarte, si he dejado de amar a mis semejantes, no me
condolía de sus necesidades, solo pensaba en mí, se me había olvidado que tú me
amaste primero y mandaste a tu preciado hijo a morir por mí en la cruz, una
muerte que merecía por el horror de mis pecados. Gracias Señor, por tu inmenso
amor, no podre nunca pagar tu sacrificio. Espíritu Santo manifiéstate en mi
vida, inquieta mi espíritu para que te busque día y noche, que tu fuego
consumador encienda mi janukía, mi vida y pueda resplandecer tu luz en este tabernáculo
que es mi cuerpo, que pide a gritos tu presencia. Gracias mi Señor, porque
siento que escuchas mis oraciones. Ahora en tu nombre bendigo a toda persona
que lea esta palabra, pon sus pies sobre la peña y que nunca caiga en el
resbaladero, guarda sus caminos y siembra en su corazón tu palabra, Hijo de
Dios se bendito en el nombre de mi Padre Santo. Amén.
martes, 4 de diciembre de 2018
JANUKÁ, ALIMENTANDO LA HOGUERA
Januká es una celebración judía cristiana, también llamada la
Fiesta de las Luces, tiene su origen justo después que recobraron su
independencia al derrotar a los helenos (griegos), entre los años 164 al 63 a.C., dando paso a la purificación del templo, el cual había sido profanado con
íconos paganos. Es aquí cuando ocurre el milagro de la luz, era necesario
encender el Menorá, el candelabro del Templo, durante ocho días consecutivos
por lo del nuevo comienzo, para ello era necesario una considerable cantidad de
aceite, pero sólo alcanzaba para un solo día, y gracias al poder de Dios este permaneció
encendido por los ochos días sin ser recargado, como el mismo fuego de la zarza que ardía sin ser consumida y no consumió a Daniel en el horno de fuego,
por la presencia de Dios manifestado Padre, Hijo y Espíritu.
Por eso se construyó, a martillo y en una sola pieza, un
candelabro de nueve brazos llamado Janukía, el cual conmemora este hecho que
tiene una significación espiritual profunda, que será revelado en su momento a quien se meta con el Señor; La Janukía tiene un brazo por cada uno de los días,
más un brazo central que es el fuego purificador de Dios, representado por las nueve
manifestaciones del Espíritu de Dios empezando por el Amor de Dios como eje del medio, seguidamente del gozo, paz, paciencia, fe, mansedumbre, benignidad,
bondad y finalizando con la templanza.
El Fuego de Dios se ha manifestado y se manifestará de muchas
maneras, y en conmemoración del Januká en está solemne fiesta discerniremos
sobre de la Hoguera de Dios:
Cantar de los Cantares 8:6 dice: “Ponme como un sello sobre tu
corazón, como una marca sobre tu brazo; Porque fuerte es como la muerte el amor;
Duros como el Seol los celos; Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama”; hay una
hoguera que está sellada en nuestro ser con celo y amor de parte de Dios, cuando
decidimos dar el paso de ser sus hijos, que se debería manifestar en gloria a cada momento de nuestras vidas con la llama fuerte del Cristo vivo; Isaías 10:16 “…debajo de su gloria encenderá
una hoguera como ardor de fuego”; sin embargo en muchos “cristianos” no se ve. Entonces ¿Qué está ocurriendo, por qué la gloria de Dios no se manifiesta en nuestras vidas? Porque
falta un elemento importante que el Señor añade, que será revelado a continuación y pídale entendimiento a Dios:
CÓMO ESTÁ CONFORMADO LA HOGUERA DE DIOS:
1. Con las Brasas del fruto del Espíritu Santo: El combustible manifiesto
en su presencia, el aceite que dará lugar a la revelación de la llama, es el guía
en mi oscuridad, el que me redarguye y hace mantenerme en comunión, a través de
la oración, alabanza y adoración. 1 Samuel 16:13 “…tomó el cuerno del aceite, y
lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de
Jehová vino sobre David.”; Hechos 2:3-4 “Y se les aparecieron lenguas
repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos
llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el
Espíritu les daba que hablasen”.
2.
La llama del Cristo vivo: es la palabra hecha verdad que
oxigena mi vida, da gracia, luz resplandeciente, me encamina hacia la vida
eterna, trae consigo el regalo de la salvación. Juan 8:12 “Otra vez Jesús les habló,
diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino
que tendrá la luz de la vida”.
3.
El Fuego de Dios: El poder soberano y creador del Padre, el consumador
de mi vida, la fuerza y energía manifiesta, el que da ardor o calor a mi ser
desde la concepción de mi embrión. Hebreos 12:29 “porque nuestro Dios es fuego consumidor”.
Estas tres son suficientes, pero por pura misericordia el
Señor agrega una cuarta:
4.
La Leña: Que se ha de consumir, el corazón convertido de sus
hijos, es la disposición del barro maleable para el alfarero, la piedra hecha
polvo, la permanencia de mí ser en su presencia, que añade santidad y aprobación
a mi vida. Sin la leña del corazón convertido se aparta la Hoguera gloriosa de
nuestras vidas porque apagamos las brasas, la llama y el fuego de Dios al no
querer menguar y someternos a su potestad. Proverbios 26:20 “Sin leña se apaga el
fuego…”; Juan 3:30 “Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya”; Malaquías
1:6 “…Si, pues, soy yo Padre, ¿dónde está mi honra? y si soy Señor, ¿dónde está
mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros,…”; 1 Tesalonicenses 5:5 “Porque
todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de
las tinieblas”.
¿CUÁNTOS TIPOS DE HOGUERAS HAY?
1.
La Hoguera Celestial (Resplandeciente): Es aquella que posee mucho
fuego, de altos niveles del Cristo manifestado y la presencia Espíritu Santo,
donde se purifica y refina el oro del corazón convertido.
2.
La hoguera carnal (Tinieblas): Con bajo nivel de fe en Cristo, contiene
una gran cantidad de partículas de incredulidad, mundo, corrupción e impiedad, falto de conversión, que
al pasar por las brasas del Espíritu Santo su resplandor es opaco, lleno de tinieblas.
Lucas 11:35 “Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas”.
3.
La Hoguera Celeste (Oscuridad): Una llama adulterada, llena de
religiosidad, tratada a conveniencia, repleta de iniquidad y muerte. 2 Corintios 11:14
“…porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”.
4. Hay una cuarta Hoguera que es donde irán a parar los que no estén inscritos en el libro de la vida, que es la Hoguera del Lago de Fuego, donde Dios hará justicia para castigar a aquellos árboles que no dieron frutos. Apocalipsis 20:15 “Y el que no se halló inscrito en el libro
de la vida fue lanzado al lago de fuego”.
Es necesario que el Señor consuma mis cardos y espinos con su
Hoguera, a través de la conversión, es necesario que alimentemos la Janukía de
nuestras vidas con el aceite, con la presencia del Espíritu Santo y que se mantenga
la llama encendida, se levante así un nuevo comienzo cada día en el Señor, para
que la gloria de Dios se manifieste siendo campo fértil de victoria; que la luz
que emane nuestro corazones sea la de Jesucristo y a través del poder de Dios
de su fuego abrazador, consumidor de toda maldad, prenda a otros con testimonio
santo, limpio y puro en revelación, exaltando al Dios vivo que habita en este tabernáculo
llamado cuerpo. Isaías 10:17-19 “Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por
llama, que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinos. La gloria de su
bosque y de su campo fértil consumirá totalmente, alma y cuerpo…”. Apocalipsis 22:5
“No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del
sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos”.
Oremos: Señor gracias te doy porque tú eres el fuego abrazador
que enciende mi vida, tú consumes, purificas y revelas todo lo que hay dentro de mí.
Gracias porque algún día traerás luz resplandeciente sobre mi rostro y podré
ver abierto los cielos como lo vio Esteban que a pesar de su adversidad, que se
encontraba en valles de muerte, no perdió su mirada en ti y contemplo tu
gloria; Señor llévame a contemplar tu gloria, quiero encender mi Janukía con
tu Espíritu, Manda el poder de tu Fuego consumidor hasta que no queda nada de
mí, y que pueda decir: ¡Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí! Padre de
los cielos, a ti sea el honor, la gloria y la alabanza, en nombre de tu amado
hijo amado bendigo a mi hermano y mi hermana, revélate a sus vidas y que ellos puedan decir hoy conmigo gracias Señor, gracias Señor por esta hermosa palabra,
gracias por que ahora mis ojos ven tu luz, la llama de Cristo vivo que arde en mi corazón por pura gracia. Bendito
seas mi Señor. Amén
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