martes, 8 de septiembre de 2020

HERRAMIENTAS PARA LA CONVERSIÓN (I PARTE)

 


“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Lucas 6:46; “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 7:21.

La mayoría de las personas, independientemente su condición espiritual, en los momentos de tormento, crisis, enfermedad, o desesperación invocan el nombre del Señor, pero lo más sorprendente es que son incapaces de “hacer la voluntad de Padre” aun después de superar la circunstancia adversa que los llevó a invocarlo; es muy común ver creyentes que se niegan a estar preparados, ya sea por desconocimiento, costumbre, falta de fe, pecado, afán, ocupación, insensatez, o maldad.

Muchos son los ejemplos que podemos encontrar en la Biblia que demuestran la necesidad del hombre de ser atendido, socorrido, liberados por el Señor, en especial en Mateo 8; revisemos los siguientes versículos: (2) “Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme”; (6) “y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”; (21) “Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre”; si bien para nosotros es lícito pedir, solicitar y hacer ciertas cosas primero, puede ser que eso no convenga, a menos que estemos primero dentro de la voluntad del Padre, es decir, estar preparados para la segunda venida del Señor Jesucristo.

Si hacemos una evaluación sincera, la mayoría no tenemos la preparación suficiente para recibir a nuestro Señor Jesucristo, ya que no hemos permanecido lo suficiente en su presencia, no le hemos entregado el control de nuestras vidas al Espíritu Santo o quizás por no contar con una herramienta o instrumento que nos ayude a moldear, tallar o pulir nuestras vidas espirituales de acuerdo a la voluntad de Dios andamos dispersos.

Hacer la voluntad del Padre está por encima de todo, queda claramente demostrado en Mateo 7:22-23, donde el Señor Jesucristo enseñaba a sus discípulos: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”; cuando no tenemos el hábito de hacer la voluntad del Padre por muchas obras que hagamos “buenas” no será suficiente para permanecer en su presencia, por lo general, estas son acciones que hacemos bajo nuestra propia voluntad o la voluntad de otros convirtiéndose eso en un esfuerzo vano, cosa que no conviene, o peor aún podemos estar haciendo la voluntad del enemigo (Satanás) y eso nos convierte en hacedores de maldad. Salmo 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia”.

Por eso, es tan importante que dentro del proceso de planificación de nuestra vida espiritual, utilicemos ciertas herramientas, que nos ayuden y permitan desarrollar ciertos hábitos que nos lleven hacer “la voluntad del Padre”; aunque sabemos que los caminos de Dios son inescrutables, a Dios también le gusta el orden; entonces podemos desarrollar y poner en práctica una metodología interesante que servirá para el crecimiento de nuestra vida, tanto espiritual como terrenal, considerando qué debemos cumplir con estos tres requisitos primeramente: (a) Creerle a Dios, (b) Orar en el Espíritu, y (c) Ser obedientes a su palabra; de lo contrario es preferible que deje de leer y siga viviendo su “vida loca”, como diría el famoso cantante, quien está viviendo la suya; pero no olvide lo que dice la palabra en Eclesiastés 12:14 “Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”; es decir Dios nos pedirá cuentas de todas nuestras acciones, buenas o malas, aun de las que hayamos hecho en secreto, por eso en lo particular pienso, que es un riesgo que no estoy dispuesto a correr y el Señor nos exhorta hoy a que reflexionemos, entonces seamos proactivos.

1.    ¿QUÉ ES LA PROACTIVIDAD?

Toda sabiduría humana proviene de Dios, aunque con ella muchos hayan perdido el temor del Señor por culpa del pecado, la altivez y la vanagloria; es evidente que el hombre ha querido desconocer la autoridad, el poder creador y divinidad de Jesús a través de los tiempos, inventando teorías, cuentos y forjando otros ídolos (diosecitos), tratando de minimizar su grandeza y poder; sin embargo, la palabra en Mateo 24:35 dice que “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”; esto resalta mucho la importancia de cumplir su palabra; Proverbios 1:7 “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza. Amonestaciones de la Sabiduría”.

Estuve leyendo un poco sobre el círculo de preocupación y de influencia de Covey, S. (1989) [1], y observe que lo utiliza como un “modo excelente de tomar conciencia del grado de proactividad” propio, entendiendo la proactividad como la capacidad de “hacer que las cosas sucedan”, idea de este autor que conocí a través de Ojeda, A. (2020) [2], hay ejemplos suficientes, en la palabra, de siervos, varones fieles que fueron proactivos, que el Señor los utilizó para que las cosas sucedieran, por ejemplo:

El rey David por su proactividad, hizo que el pueblo de Israel despertara su poder combativo, gracias a que su fe y confianza en el Señor eran tal, que enfrentó al temido Gigante Goliat sin titubear; Goliat se había convertido en la piedra de tropiezo que les impedía avanzar, con tan solo 5 piedras de río y su honda, terrenalmente hablando era imposible vencerlo, sin embargo, su fortaleza espiritual venía de Dios, ya que su corazón era conforme al corazón del Señor (1 Samuel 17) y sucedió maravillosamente; así mismo pasó con Moisés, cuando se encontró frente al mar rojo y el ejército del Faraón lo asediaba para destruirlo, su piedra de tropiezo, se puso a orar; pues, levantar sus manos y su vara no hubiese sido suficiente para hacer que el mar se dividiera, a menos que proactivamente obedeciera al Señor, esa fue la clave para hacer que sucediera (Éxodo 14); podríamos mencionar también a Elías, cuando en el monte de Carmelo, proactivamente confrontó a los falsos profetas de Baal, e hizo que descendiera fuego de los cielos, ocurrió gracias a que tenía temor de Dios desde su juventud y le seguía fielmente, siendo respaldado en todo (1 Reyes 18).

Por último podemos mencionar a Josué, aunque hay muchos más; la proactividad de este siervo de Dios, llamado a conquistar la tierra prometida, hombre que meditaba la palabra día y noche, hizo que se detuviera el Sol un día que necesito luz para finalizar una batalla con sus enemigos, a través oración y la fluida comunicación que tenía con el Señor, el Espíritu de Dios estaba en él; entonces, el pueblo de Israel pudo continuar con la lucha y derrotar a sus enemigos en Gabaón (Josué 10), en ninguno de los casos, los hijos de Dios, se tomaron la gloria para ellos, porque sabían que todo lo ocurrido provenía del poder del Dios.

Así son las cosas de Señor, tiene que haber hijos proactivos que hagan que las cosas sucedan cumpliendo la voluntad del Padre; es una responsabilidad ineludible y también por eso daremos cuenta, por eso, si iniciamos algo, como por ejemplo un ministerio, por mucho que lo deseemos concluir, si no somos diligentes, si no creemos, si no estamos convencidos ni oramos, si no buscamos la sabiduría de Dios ni tenemos la fe suficiente para mover montañas, ni leemos las santas escrituras, pues las cosas no sucederán por mucho que las deseemos, ya que nuestra proactividad no es tal; evaluemos lo que hizo Esteban, Pablo, Pedro y todos los apóstoles hombres que fueron proactivos, ellos dieron su vida sin escatimar esfuerzo, imitando al Señor Jesucristo, y hoy por hoy el Señor sigue utilizando a muchos siervos para que con su testimonio ayuden a inquietar al mundo y así el pueblo logré encontrase con Cristo; aunque muchos incrédulos estudian la manera para tratar de negarlo, porque para ellos eso es locura, no entienden que el amor te puede llevar a entregar tu vida sólo por la salvación de muchos; esto es fácil entenderlo cuando son nuestros hijos, padres o hermanos por quienes nos sacrificamos, pero que tal si es la esposa o esposo infiel, la vecina o vecino que tanto chismea, el jefe o el patrono que tanto te maltrata, será qué es la misma actitud.

Muchas personas confunden la proactividad con la iniciativa. La iniciativa no es un indicador de que se somos proactivos, por ejemplo hay personas que deciden todos los años, servir o convertirse a Cristo, pero siguen en la misma posición, son seres inertes que no crecen ni se mueven espiritualmente o peor aún inician procesos que nunca finalizan, porque son expertos en dejar ciclos abiertos y no son capaces de cerrarlos, aunque no obtengan resultados favorables; para ser proactivo debemos cerrar los ciclos, haciendo que las cosas ocurran, cerrar un ciclo sin obtener resultados positivos denota como está nuestra relación con el Señor, a menos que Él quiera enseñarnos algo más profundo que nuestra corta visión no nos permite observar.

Esta idea es un desafío a ser mejores cristianos, que solos los valientes y esforzados son capaces de asumir, dejar la apatía espiritual que tanto daño le ha hecho a la obra es el primer reto que debemos asumir, es hora de dejar de ser tan sólo oidores, cristianos light, que se acomodan a cualquier corriente, para convertirnos en hacedores de la palabra, varones de fe y santidad que asuman las enseñanzas de nuestro Salvador Jesucristo como estilo de vida, como un hábito espiritual que no produzca carga. Respóndase esta pregunta ¿Está dispuesto a pagar el precio por seguir a Jesús de verdad?, si su respuesta es sí, ¡Gloria a Dios!, Bienvenido, su recompensa será grande; pero si es negativa, debería evaluarse, porque eso indica que usted nunca será un hijo proactivo en el Señor, seguirá ocupando un puesto en una Iglesia, pero nunca será lleno del Espíritu Santo ya que lo que predomina en usted es la carne, así que decida. Dios les bendiga

Apocalipsis 3:20-21 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta {acción, hace que suceda}, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere {Con el poder del Espíritu}, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

PRÓXIMA ENTREGA:

2.     EL CÍRCULO DE CONVERSIÓN, No te lo pierdas!!!!, sigue este blogs, y te llegará automáticamente.



[1] Covey, S. (1989) “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. Barcelona España.

[2] Ojeda, A.(2020) “10 Hábitos para el Tele-trabajo”, Conferencia.

domingo, 23 de agosto de 2020

LA JUSTICIA DE DIVINA

 

Esta es la conversación de un hijo de Dios llamado Jacob Israel, pero le decían Pastor, que preocupado por los eventos de los últimos tiempos, trataba de ponerse a cuentas con la justicia divina, por lo que entró en una conversación profunda con el Señor Jesucristo, quien escuchaba atentamente su oración y le respondía a cada inquietud con todo el amor y justicia que posee:

Pastor: - Señor, ¿Es verdad que todo lo que somos, todo lo que tenemos y hemos recibido proviene de ti y te pertenece a ti?

Jesucristo: - He aquí, al Señor tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay” (Deuteronomio 10:14); “Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides” (Isaías 44:21). 

Pastor: - Claro que no, mi Señor, ¿Cómo podré olvidarte si me has cuidado desde siempre, te amo de todo corazón?

Jesucristo: - “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare,  eso también segará” (Gálatas 6:7); “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

En eso traga grueso y continúa con la conversa:

Pastor: - Lo tomaré en cuenta, mi Señor.

En eso el Señor Jesús le recuerda:

Jesucristo: - “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 5:13); a si que “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).

Para pasar el susto, trata de generalizar, diciéndole:

Pastor: - Señor trataré de hacerlo, he visto como muchos hijos tuyos no cumplimos lo que has mandado, ¿Qué pasará si seguimos así, con esta actitud de deshonra, ya que todos somos salvos? ¡Verdad!

Jesucristo: -Ciertamente yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí para siempre”; pero ahora el Señor declara: “Lejos esté esto de mí, porque yo honraré a los que me honran, y los que me menosprecian serán tenidos en poco” (1 Samuel 2:30).

Ante esta repuesta, no pudo más y él confiesa lo siguiente:

Pastor: - Pero, Padre de los cielos, me da mucho temor eso que has dicho.

Entonces el Señor serenamente le dice:

Jesucristo: - “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18).

Pastor: - Entonces me pregunto Señor, ¿No hay temor y honra en aquellos que hemos predicado tu palabra y te hemos servido por años? ¿Qué pasará con todos nosotros?

Jesucristo: - “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21); “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable” (Malaquías 1:6-7).

Pastor: - Pero, pero Señor, yo no he despreciado tu mesa, no hecho nada de eso.

Jesucristo: - “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas” (Ezequiel 34:2-6).

Pastor: - ¡Guao, Padre! Es verdad, me has abierto los ojos, he visto cómo las ovejas se pierden y no me ocupo de irlas a buscar; a ti no te puedo engañar, tú lo conoces todo y sabes lo que hay en lo más profundo de mi corazón, es verdad que me he apacentado a mí mismo, que vergüenza tengo.

Jesucristo: - “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10); “De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:7-9).

Pastor: - Así es Padre, yo he tratado de ser un buen hijo, yo he ayudado a muchas ovejas a que entren al redil por años.

Al ver que trataba de justificar su condición de pecado, el Señor le responde:

Jesucristo: - “El asalariado, y que no es el Pastor {Cristo}, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (Juan 10:12-13).

Pastor: - Razón tienes, he huido y apartado tantas veces de tu redil, del rebaño, sin importarme las ovejas.

Entonces el Señor afirma:

Jesucristo: - “Yo soy el buen Pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:14-18).

Continuó el Señor, y el temeroso Jacob Israel postrado escuchaba atentamente, una palabra que venía del Padre:

Jesucristo: - “Vivo yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas; por tanto, oh pastores, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida” (Ezequiel 34:8-10).

Y así mismo le dio una palabra para su congregación:

Jesucristo: - “Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí yo, yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca, por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis. Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja” (Ezequiel 20:22).

Y el Señor le dejó palabra profética:

Jesucristo: “Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado. Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los bosques. Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra con seguridad; y sabrán que yo soy Jehová, cuando rompa las coyundas de su yugo, y los libre de mano de los que se sirven de ellos. No serán más por despojo de las naciones, ni las fieras de la tierra las devorarán; sino que habitarán con seguridad, y no habrá quien las espante. Y levantaré para ellos una planta de renombre, y no serán ya más consumidos de hambre en la tierra, ni ya más serán avergonzados por las naciones. Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 34:23-30).

Entonces aterrado Jacob y con lágrimas en los ojos, clamo con sincero arrepentimiento, sabía que su transgresión no quedaría impune a menos que se hiciera obras dignas de arrepentimiento y diera el paso definitivo a la conversión, decidido a no mentir más ni ocultar las cosas, dijo:

Pastor: - Perdóname Señor, que tengo que hacer para que me perdones.

Jesucristo: - “No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:7); “El hombre o la mujer que cometa cualquiera de los pecados de la humanidad, actuando pérfidamente contra el Señor, esa persona es culpable; entonces confesará los pecados que ha cometido, y hará completa restitución por el daño {causado,} añadirá un quinto y {lo} dará al que él perjudicó” (Números 5:5-7);

Pastor: - He aquí, Señor que haré como Zaqueo, la mitad de mis bienes lo daré a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, le devuelvo cuadruplicado. (Lucas 19:8)

Jesucristo: - “Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela” (Salmo 34:14); “Y vivirás para siempre” (Salmo 37:27) 

Sin embargo, como conocía su corazón, le preguntó:

Jesucristo: - Hijo de mío, “¿me amas más que éstos?” (Juan 21:15).

Pastor: - Sí, Señor; tú sabes que te amo – sabía que sus funciones de pastor no la estaba cumpliendo.

Jesucristo: - “Apacienta mis corderos” (Juan 21:15)

Volvió a decirle la segunda vez:

Jesucristo: - “¿Me amas?” (Juan 21:16).

Pastor: - Sí, Señor; tú sabes que te amo – tanta insistencia le molía el alma en dos,  

Jesucristo: - “Pastorea mis ovejas” (Juan 21:16).

Le dijo la tercera vez:

Jesucristo: - “¿Me amas?” (Juan 21:17).

Jacob entristecido de que le dijese por tercera vez: ¿Me amas?, le respondió:

Pastor: - Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo – En ese momento su espíritu fue libre, supo que tenía que renunciar a la corrupción de su carne.

Jesucristo: - “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:17).

Con su espíritu molido, y alma sujeta al Espíritu Santo, enmudeció y siguió escuchando:

Jesucristo: - “Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor” (Números 27:16-17).

Jesucristo: - “Toma a Josué hijo de Nun, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación; y le darás el cargo en presencia de ellos. Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca” (Números 27:18-20).

Jesucristo: - “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:5).

Entonces Jacob se humilló, invocó el nombre del Señor, oró fervientemente, no perdía la oportunidad de buscar su rostro, se convirtió de sus malos caminos y el Señor oyó desde los cielos y perdonó sus pecados y sanando en alma, cuerpo y espíritu (2 Crónicas 7:14); así es la justicia de Dios, la justicia Divina, nadie puede escapar de ella, cuando un pecador se arrepiente de verdad, el Señor es tan fiel y justo que lo perdona, solo basta con creerle y morir al viejo hombre, a la vieja manera de vivir, al ego, la altivez y soberbia que entorpece nuestro crecimiento espiritual y es piedra de tropiezo para los más débiles. Gracias Señor por tu palabra. Bendito sea tu nombre. Amén…

lunes, 17 de agosto de 2020

¡LOTERÍA, LOTERÍA!

 

Por allá a finales de los años setenta, yo era un niño de 11 años, que le gustaba el beisbol y lo más cerca que estuve de un estadio de beisbol, fue el día que mi Padre de crianza me llevó a ver un juego de las Águilas Zulia, donde vi a Leonel Carrión dar un jonrón y sentir la emoción de las gradas vitoreando su nombre, nunca había jugado formalmente en un equipo, sólo en caimaneras. Pues, como son las cosas de Dios, se crea la pequeña liga “La Victoria” y se juega en el terreno del INCE, inscribiéndome en la categoría infantil, porque estuve pasado de la categoría por 2 meses. Yo era un niño debilucho, de estatura baja para la categoría, habían niños de 12 años ya para saltar de categoría que eran más fuertes y tenían grandes habilidades, yo no poseía experiencia en ninguna posición, en la distribución por sorteo me tocó jugar con el equipo de “LOTERÍA DEL ZULIA”, sin recibir un entrenamiento previo como equipo sino que arrancó la pequeña liga de esta forma.

Cuando inició la campaña, fueron juegos y juegos que vi perder desde la banca, si querían referirse a un equipo malo el primero en mencionar era LOTERÍA, ya estábamos a mitad de temporada; yo soñaba con ser pícher o short stop, cosa que nunca logre; en mis oraciones solo le pedía a Dios que me pusieran a jugar y que me dieran la oportunidad. Hasta ese momento, nunca la había recibido, todo cambió después del juego N° 16. Pero, para llegar a ese momento, sólo Dios sabe, porque tuvimos que perder todos los juegos anteriores, pensar que ayudo haber perdido 15 juegos seguidos es una locura, pero así fue; y explico: el manager decidió hacer una práctica con todos los niños unos días antes del encuentro para evaluar capacidades, era necesario ya que no conocía las habilidades de todos los niños y nunca habíamos practicado por lo atropellado cómo surgió la liga, solo los más destacados y extrovertidos niños eran los que jugaban regularmente, habían muchos niños con talentos, pero tenían deficiencia en algún área y había que pulirlos, y otros que no sabían dónde colocarnos, porque nuestra luz brillaba en lo secreto, éramos unos perfectos desconocidos, y era una incógnita lo que podíamos aportar al equipo, quizás si esa práctica no se hubiese dado, nunca llegaría el momento cumbre.

En la práctica, el manager observó que yo chocaba la bola muy bien a pesar de mi tamaño, tenía buena vista y sacaba el bate, aunque no tenía mucha fuerza, entonces evaluó ponerme a jugar en los próximos juegos para darme un chance cuando fuera necesario. Ese juego no tardó ya que fue de inmediato, nos encontrábamos en el último inning del juego N° 16, tres hombres en base, 2 out, el juego empatado, no recuerdo a cuantas carreras y éramos home club, en ese tiempo no se jugaba extra innings por cuestiones del horario, eran 2 horas o siete innings para cada juego como máximo, para dar chance a los demás encuentros, yo como siempre puliendo banca con mi uniforme impecable, mirando los toros desde la barrera, y le tocaba batear al niño más ponchón de la liga, que no le daba una tabla a nadie, ni siquiera con la puerta de una iglesia, pero era excelente guante. Entonces el manager necesitaba a alguien que bateara, y me llamó a mí como bateador emergente. Imagínense el más pequeño del equipo a batear en un momento crucial.  

Recuerdo que el miedo me invadió, primera vez que iba a ponerme detrás del home en el beisbol organizado, tome y me incruste lo más que pude el casco, era la oportunidad, cuantos en la historia no han aprovechado una como esta y han dado un jonrón; pues, con toda esa presión, ¡Guao! Fui del dugout al home, demasiada responsabilidad para un niño de 11 años que no estaba acostumbrado a la presión y pensar que todas las esperanzas del equipo que soñaba salir de la racha perdedora estaba en mí, me aterraba; Adicionalmente, una cosa con la que no contaba eran los gritos burlescos y los chistes de mal gusto de las personas adultas que me conocían, y conocían a mis representantes, que se encontraban en la tribuna y obviamente me afectaba psicológicamente, ya que sabían mi trayectoria como “pulibanca”, etiqueta que tuve llevar por mucho tiempo.

El muchacho que estaba corriendo en tercera se acercó a mí, su nombre era Edwin Vílchez, era el mejor jugador de nuestro equipo, selección de la liga, me dio ánimo diciéndome: No tengas miedo, chócala y corre duro. Eso lo tome como objetivo y me enfoque en cumplir con esa misión. Al lanzar el pícher, los nervios hicieron que sacará el bate a una bola mala, golpeándola suavemente saliendo un rolling muy lento a las manos del lanzador, corrí lo más que pude a primera base, el pícher tardó un segundo en pensar a donde lanzar y decidió tirar al home porque lo tenía de frente, nuestro jugador estrella, que era un muchacho que tenía un tamaño por encima del promedio y agresivo en el juego, iba como bólido gritando y se abalanzó sobre el cácher con fuerza y le tumbo la bola y ganamos el juego, todos los niños del equipo salieron corriendo a abrazarme y levantarme en brazos gritando ¡LOTERÍA, LOTERÍA! Y coreaban mi nombre ¡Douglas, Douglas!, me sentí que había dado un jonrón como Leonel Carrión, fue nuestro primer juego ganado, uno de los días más felices de mi infancia. A partir de ese momento, no jugué más nunca banca y desarrolle con el tiempo mi juego como jardinero de ambas esquinas.

Hoy entiendo que el Señor siempre ha estado conmigo y es por pura misericordia que me encuentro en sus caminos, si mi corazón clamaba a Dios desde niño para que me ayudara, pues después de viejo también lo haría, por eso Cristo dice en Mateo 19:14 “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos”; la palabra dice en Isaías 60:1  “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti” y en Filipenses 4:4 “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”; hoy siento un gozo tremendo de estar en sus caminos, si bien fui y he sido pecador, estoy tratando de ser un hijo fiel a nuestro Señor, dando gracias por todo, a pesar de mis errores, afanes y circunstancias; Filipenses 4:6 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”.

He aprendido que siempre habrá personas que tratarán de burlarse, hacerte maldad, ignorarte para debilitar tu fe, sin embargo, la palabra dice que nos guardemos porque ellos son mensajeros del enemigo, malos obreros que nunca hicieron lo que el Señor les pidió que hicieran, y se unen para enlodar la obra que el Señor está haciendo en ti, buscan separarte del cuerpo, juzgarte y hasta culparte de todo lo que ocurre en tu vida, porque no conocen los propósitos de nuestro Dios, grande, bueno y misericordioso; Filipenses 3:2 “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo”.

El Señor nos da la oportunidad, aunque tarde la respuesta, para que brillemos y triunfemos con el poder de su Espíritu, porque la honra es de Él, no importa que seamos debiluchos, torpes, inseguros o nerviosos, no es en nuestra fuerza sino en la de Él, por Él estamos vivos y no hemos sido desechados, por Él seremos llevados a lugares de exaltación y honra a pesar de nuestra condición pecadora, pero es necesario que pongamos la mirada en el Señor, dispongamos nuestro corazón y nos arrepintamos con humildad y humillación ante su presencia, dar todas las cosas como pérdida solo por obtener la excelencia de su conocimiento; Filipenses 3:8 “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.

Y entender que no somos perfectos, pero andamos en camino de perfección para afianzarnos en el Señor tomando como referente a Cristo, quien se hizo hombre para enseñarnos obediencia; Filipenses 3:12 “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”; lo importante no es lo que hemos sido, sino lo que somos y seremos en Cristo Jesús, prosiguiendo a la meta suprema que es la salvación y vida eterna; Filipenses 3:13-14 “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Seamos imitadores del Señor, acerquémonos con corazón de niños, con corazón que cree fielmente, con inocencia y pureza, Él es el único que puede transformar nuestra vida de humillación en vida gloria, dejar de estar puliendo banca, para ser levantado en brazos recibiendo la gloria que es gracias a su nombre; Filipenses 3:17 “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”; Filipenses 3:21 “el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”; así se nos revelará la paz y el gozo que sobrepasa todo entendimiento, bendito sea el Señor Amén... Filipenses 4:7 “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”; Gloria al Señor.

miércoles, 22 de julio de 2020

¡PASÉ, A PONER MI RECLAMO!

En estos días de Pandemia, hemos tenido en la casa muy mala señal de cable, y sin exagerar mi esposa y yo enviamos en el último mes, no menos de tres mensajes diarios a la compañía que provee este servicio, ya sea por llamada telefónica, texto, correo electrónico o whatsapp, con la finalidad de que nos solucionaran el problema y mal servicio; muchas veces la empresa nos respondía pero ¿En qué estamos fallando? ¿Envíenos su reporte?, excusa tras excusa, eso sí lo que nunca fallaba era el cobro; Tanto fue nuestra insistencia que por fin logramos que nos atendieran al llamado y nos solventaran la “necesidad familiar”, era lógico que si estamos pagando una cuota muy alta por el servicio, lo menos que esperamos es que fuese de calidad, fuese solucionada y solventada dicha falla, y con atención inmediata porque era el deber de la empresa y era nuestro derecho como usuario, ¡verdad!

Pues, con esa misma actitud crítica, quiero que abra sus ojos y oídos espirituales, ahora prepárese para la enseñanza de hoy, porque seguramente trastocará nuestra forma de pensar, porque nosotros somos exigentes con los demás, pero con nosotros mismos somos descuidados, distraídos y negligentes en muchas oportunidades, sobre todo en lo que respecta a nuestra vida espiritual, y si no lo cree, vamos a mirarnos en el espejo de la palabra, que devela realmente quienes somos, comencemos:

Qué pasaría si hoy, el Señor se nos presentará a poner su reclamo en nosotros, por nuestra falta de amor, por nuestra infidelidad y deshonra, por la falta de confianza y queja, por la poca atención y menosprecio, por la sosa oración, la desobediencia, y el servicio que le estamos dando a la obra, además del cansancio y poca perseverancia en sus caminos, estaríamos preparados para atenderlo; revisemos las posibles respuestas o justificaciones que tendríamos para darle: 

  a. ¿En qué nos amaste? ¿Dónde está la misericordia? Sobre todo en estos tiempos de pandemia (Malaquías 1:2).

    b. ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? (Malaquías 1:6).

    c.  ¿En qué nos hemos portado deslealmente? (Malaquías 2:10).

    d.  ¿En qué te hemos deshonrado? (Malaquías 1:7).

    e.  ¿En qué te hemos cansado? ¿Qué hemo

    f.   ¿En qué hemos de volver? (Malaquías 3:7).

    g.  ¿En qué te hemos robado? (Malaquías 3:8).

    h.  ¿De qué me aprovecha que guardemos tu palabra, si vivo afligido? (Malaquías 3:14).

    i.  ¿No tenemos todos, un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué él sí y yo no? (Malaquías 2:10).

    j.  ¡Qué fastidioso es esto! (Malaquías 1:13).

Las repuestas serían obvias, pero para nosotros es mejor ignorarlas y evitarlas, ya que son más los que se quejan de las circunstancias y el padecimiento, que el que es fiel y perseverante en el Señor, preferimos apegarnos a la mayoría, que ser y hacer la diferencia, como pasó en el desierto con el pueblo de Israel antes que Dios acabará con la generación perversa que salió de Egipto; ahora detengamos unos minutos, meditemos y reflexionemos a cerca de lo que el Señor nos reclamaría si su misericordia no fuera para siempre:

LO QUE SEÑOR NOS RECLAMA POR:

a.         El amor que le estamos dando; por nuestra parte queriendo justificar decimos: ¿En qué nos amaste?, nosotros, cual Jacob, hemos sido hijos mentirosos, pecadores, llenos de ira y soberbia desde el principio, hemos hecho iniquidad contra Él y en contra de otros, sin embargo Dios nos ha amado desde siempre, y pagó con la cuota más alta, la muerte de su Hijo, para darnos vida eterna y salvación. Pero nosotros en nuestra soberbia decimos que no, entonces queremos edificar sin su presencia. Malaquías 1:4 “Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual Jehová está indignado para siempre”; Apocalipsis 2:4 “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. Pues es hora de volver al Señor, de edificar y construir en su presencia, nada de lo que hagamos, sin Él, se levantará sino quedará ruinas, es tiempo de convertirnos y vivir en santidad, no esperemos que el Padre se indigne de nosotros como sus hijos y seamos desechados en el desierto.

b.        El menosprecio de su nombre; y nosotros replicando: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?, en que nos hacemos llamar hijos de Dios, siervos, hijos del Altísimo, príncipes y sacerdotes, pero no le damos la honra ni el temor que le corresponde, lo deshonramos con nuestros testimonio, pensamientos y alejamiento de la Iglesia, del cuerpo de Cristo. La palabra dice en Juan 15:4-5 que: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”; una persona que menosprecia el nombre del Señor le es indiferente el testimonio que está dando, sólo le importa sus intereses y complacer su carne, sus deleites, sin importar si pisotea o no la sangre de Cristo. Entonces, empieza un peregrinar por sendas de tinieblas y oscuridad que lo van llevando lentamente a su destrucción sin darse cuenta, porque el pecado entenebrece el entendimiento. El alejamiento o desprendimiento del cuerpo de Cristo, no solamente es físico, sino también espiritual, sobre todo cuando no permanecemos en su presencia y maltratamos los otros miembros, nos alejamos cuando no nos sometemos ni sujetamos de la palabra, a los mentores o líderes que dan testimonio de Cristo, y aún aquellos que han sido delgados para llevar las riendas de los ministerios, porque el Señor es quién levanta la obra, Él tiene el control de todo y guardará cada oveja para que nadie se gloríe, pero es necesario que nosotros eliminemos nuestros pensamiento de maldad, contienda e impiedad, y empecemos a dar honra como hijo y como siervo, porque separado de Dios y nada podemos hacer.  Malaquías 1:6 “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Sí, pues, soy yo Padre, ¿dónde está mi honra? y si soy Señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros…”.

c.   La infidelidad; entonces decimos: ¿En qué nos hemos portado deslealmente?, cuando rompemos el pacto de gracia, prefiriendo las cosas del mundo más que el Señor, haciéndolas nuestro dios, somos infieles, sobre todo cuando prevaricamos y hacemos que estás cosas ocupen el primer lugar en nuestras vidas, profanando el lugar santo, el trono que Él debería ocupar; asimismo cuando repudiamos, hablamos, criticamos, juzgamos o condenamos al hermano, a la esposa o el esposo, también lo hacemos con el Cristo que vive en ellos, aunado a que hacemos juicio también contra aquel que le dio la autoridad para ser cabeza de hogar o  ayuda idónea; usted y yo sabemos que posiblemente ese hermano o pareja no es un ejemplo de santidad y fidelidad, pero tampoco nosotros lo somos; entonces el Señor pudiera preguntar ¿Dónde está la misericordia hacia los demás, la misericordia que te di a ti cuando estabas perdido? Medite, no se escude en su soberbia, al decir que: ¡Yo no soy pendejo, ni tonto! En lo particular, yo prefiero pasar por tonto ante los hombres y no pecar de juicio ante Dios; no nos olvidemos que ambos andamos en caminos de perfección, buscando llegar ser igual al varón perfecto, Jesucristo; entonces, en vez de asumir esa conducta errónea abominable para el Padre, deberíamos apoyar a los que andan en mal camino en oración, amor y misericordia, mucho más que en otras cosas, porque de eso se trata la fidelidad, que a pesar de ser los demás infieles con nosotros, ser fieles a ellos como Cristo fue fiel con nosotros al subir a la cruz; hay muchas cosas que serán buenas para los ojos del mundo pero no para los ojos de Dios, mosca con lo que pensamos, hacemos, sentimos y decimos, porque Dios conoce nuestro corazones. Aprenda a discernir en Espíritu, entre lo bueno y malo, no seamos tercos ¡Oremos! Malaquías 2:16 “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales”; Romanos 14:10 “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”.

d.  Su honra; sin embargo preguntamos: ¿En qué le hemos deshonrado?, en lo que le estamos presentando, la palabra dice en Romanos 12:1 “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios”, si usted es un hijo que no se presenta como sacrificio vivo, santo y agradable al Señor, de una manera diligente, con una actitud reverente, llena de obediencia y humildad en cuerpo, alma y espíritu, usted y yo lo estamos deshonrando; ya que presentamos un pan inmundo, un incienso maloliente, un sacrificio imperfecto, ciego, cojo, enfermo o malo, quizás tenga intenciones oscuras o traiga sus “buenas” intenciones pero no se ajustan a la voluntad del Padre; recuerde que el Señor no puede ser burlado; aún si pensamos que la palabra, la meditación o la alabanza, que son parte de la mesa del Señor, es despreciable o tiene detalles porque la hizo o dijo tal o equis persona, en eso también lo deshonramos. Malaquías 1:7 “En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable”. Cuídese de lo que dice o piensa, la palabra dice en Filipenses 4:8 “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”, hagámoslo, no vaya hacer que por eso seamos desechados de las bodas del cordero, por no tener las vestiduras dignas para permanecer en la presencia del Señor, el Esposo. Habacuc 2:16 “Te has llenado de deshonra más que de honra; bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz de la mano derecha de Jehová vendrá hasta ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria”.

e. Por el cansancio y nuestras palabras; nosotros refutando de la siguiente manera: ¿En qué te hemos cansado? ¿Qué hemos hablado en contra tuya?, en lo que decimos diariamente, por la gran cantidad de oraciones en la carne que hemos hecho, por la maldad de nuestro corazón y por lo que hacemos; la palabra explica en 1 Juan 4:20 lo siguiente: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”; en esto cansamos al Señor, en que decimos que amamos a otros y lo que hacemos es escarnecer su vida, dejándonos llevar por nuestra maldad, la semilla de amargura, la espina clavada, Malaquías 2:17 complementa diciendo: “Habéis hecho cansar a Jehová con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? En que decís: Cualquiera que hace mal agrada a Jehová, y en los tales se complace; o si no, ¿dónde está el Dios de justicia?”, entonces donde está la misericordia, el amor, la piedad, el perdón hacia los demás. El Señor nos exhorta a guardar nuestra boca, pensamientos, actitudes, sobre todo a guardar nuestro corazón, si queremos seguir siendo aceptos al Señor; renunciemos a todo lo que nos aparta de su presencia y alabemos al Señor en Espíritu y verdad. 1 Pedro 4:11 “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos”.

f. Por qué no queremos volver; diríamos ¿Si no me he ido de la iglesia? ¿En qué hemos de volver?, No hay peor ciego que el que no quiere ver, hay muchas maneras de apartarse del Dios, cada uno de nosotros sabemos en qué demos volver al Señor, arrepiéntase de corazón mientras pueda hacerlo, el tiempo de gracias se acaba, ya las señales de los últimos tiempos se hacen cada día más evidente, es hora de poner la mirada en Cristo, el autor y consumador de nuestra fe, después de muerto ya no hay nada que hacer, solo esperar la voluntad de Padre, la justicia no se dejará de cumplir, tendremos que ir a dar cuentas por nuestro pecado, y más por haber pisoteado y menospreciado la sangre de Cristo; no tente al Señor, porque su justicia no será quebrantada, mucho más si pecamos con conocimiento de la verdad. Oseas 14:1 “Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído”.

g. El robo; ¡Uf!, como así; ¿En qué te hemos robado?, la palabra habla de los diezmos y las ofrendas; un tema muy espinoso para todos, aún más para quienes los administran; sin embargo que pasó con el botellón de agua potable que cambiaste dejando el más deteriorado ya lo devolviste, el plato, el vaso, el papel sanitario, la biblia, el pen drive, el destornillador, el dinero que pediste prestado; sin hablar del tiempo, cuanto tiempo le has robado al Señor, como está nuestro tiempo de lectura de la palabra, de oración, meditación, servicio, evangelización, discipulado, o es que piensas que todo es internet, la familia o el grupo social de la Iglesia, que paso con la mies, a veces sí y a veces no, evaluémonos, dejemos la frialdad, el Señor te anda reclamando por este servicio, así como nosotros exigimos a la empresa de Cable. Qué pasó con el prójimo, qué pasó con el pago justo del empleado, la señora de la limpieza, a la que te cocina, al jardinero, al mecánico, si eres comerciante, trabajador independiente o emprendedor estas usurando con los precios, pues de todo lo que siembres eso recibirás. Quien robe a otro, le roba al Señor, le roba la paz, el amor, le roba la bondad, la benignidad, la mansedumbre y la templanza, lo hace ser desconfiado e incrédulo. Proverbios 28:24 “El que roba a su padre o a su madre, y dice que no es maldad, Compañero es del hombre destruidor”; Miqueas 6:10-14 “¿Hay todavía alguien en casa del impío {con} tesoros de impiedad y medida escasa {que es} maldita? ¿Puedo justificar balanzas falsas y bolsa de pesas engañosas? Porque los ricos {de la ciudad} están llenos de violencia, sus habitantes hablan mentiras y su lengua es engañosa en su boca. Por eso yo también {te} haré enfermar, hiriéndote, asolando {te} por tus pecados. Tú comerás, pero no te saciarás, y tu vileza estará en medio de ti. Apartarás, pero nada salvarás, y lo que salves, yo lo entregaré a la espada”.

h. No guardar la palabra; entonces nosotros queremos justificar diciendo ¿De qué me aprovecha que guardemos tu palabra, si vivo afligido?, Nadie por lo general se acuerda de la maldad que ha sembrado y después pregunta por qué me ocurre esto o me ocurre aquello, Gálatas 6:7 dice textualmente “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”, revisemos que hemos sembrado y obtendremos la repuesta de por qué nos ha sobrevenido tanta aflicción, tanto dolor y sufrimiento, discierna si es una prueba del Señor o resultado de nuestro pecado; póngase a cuentas con el Señor y descanse en su presencia, reciba humildemente de la disciplina o el castigo, eso también ayuda a probar nuestra fe. Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

i. Nuestras quejas; pero una vez más decimos: ¿No tenemos todos, un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué él sí y yo no?, la paz y la paciencia son características del fruto del Espíritu Santo, la queja es síntoma de que no poseemos tales características o no le hemos cedido el control de nuestras vidas al Espíritu de Dios; por eso la palabra dice en Filipenses 2:14 “Haced todo sin murmuraciones y contiendas”, con un fin específico para que seamos hijos irreprensibles y sencillos, sin mancha en medio de esta generación que ha sido tan maligna y perversa, es necesario que nosotros seamos la luz y la sal de mundo, a través de nuestro Señor Jesucristo, es importante que estemos agarrados de la palabra, para no caer en tentación y podamos mantenernos firmes y ser vencedores y cada prueba, fortalecidos con la armadura de Dios. Por eso es necesario que cambiemos nuestra queja por alabanza y demos gracias por todo, adquiramos entendimiento y sabiduría para que el Señor se mueva a misericordia y nos entregue la bendición que tiene preparados para los que le aman, porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus utilidades mejor que el oro fino. No nos quejemos por lo que el impío prospera o la bendición del malvado, miremos al Señor y aprendamos a recibir con gozo la medida buena, apretada y remecida, para que rebose de nuestro corazón la paz y la paciencia del Señor que es la mayor riqueza que podemos tener.

j. La falta de temor santo, que es la actitud hacia las cosas santas; seguramente muchos hemos dicho, pensado o insinuado: ¡Qué fastidioso es esto! ¡Qué simple es esto! ¡Qué común!, pues esta es la forma con que respondemos a su sacrificio, a su pago en la cruz, olvidando que con la misma vara que medimos será utilizada para medirnos, con la misma vara con que perdonamos, así mismo el Padre nos perdonará, con la misma vara con que hemos juzgado será la misma que recibiremos en el día del juicio; por eso es hora de poner la mirada en los cielos, ponerse a cuentas, arrepentirse de su actitud irrespetuosa, si quiere medir, mida su compromiso, dedicación, verdadera firmeza que tiene en el Señor y no caiga en una actitud de rebeldía y falta de temor por lo que Dios ha hecho o ha limpiado, no pretendamos ser más santos que los demás, pues sólo el Señor es Santo; Números 21:5 “Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano”; Hechos 11:9 “Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común”, Hechos 10:15 “Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo ensucies”; Dios nos guarde de ensuciar lo santo, llenarlo de nuestro estiércol, cuide de mantener sus vestiduras blancas, las que Dios ha limpiado.

REFLEXIÓN:

El Señor fue a la cruz y pagó la deuda de vida que nosotros teníamos con el Padre, producto de nuestro pecado, ahora Él tiene la potestad, y autoridad de exigir o demandar obediencia por ese sacrificio; sin embargo, el espera que nosotros voluntariamente lo hagamos, si no ha procedido a ejecutar su justicia es porque ha prolongado su misericordia esperando un cambio en nosotros, por amor, pero no abusemos, no vaya hacer que sea quitada su gracia sobre nosotros y tengamos que asumir la deuda por menospreciar y pisotear su sangre.

El Señor nos advierte en Apocalipsis 2:5 lo siguiente: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído {de dónde vienes}, y arrepiéntete {obedece}, y haz las primeras obras {dignas de arrepentimiento}; pues si no {advertencia}, vendré pronto a ti {A reclamar lo que me pertenece}, y quitaré tu candelero de su lugar {la luz, la gracia}, si no te hubieres arrepentido {convertido}”, entonces reflexionemos y convirtámonos, se acaba el tiempo y nosotros tan negligentes y distraídos. Dios les bendiga


sábado, 4 de julio de 2020

AGUI, EL POLLO QUE APRENDIÓ A VOLAR

Su refugio se encontraba a más de 4000 metros, en el inhóspito lugar casi inaccesible para cualquier ave común, bajo la vista del maravilloso animal, volaba en el cielo despejado observando detalladamente con su vista telescópica todo lo que se desplazaba en la superficie terrestre, cuando descendía, lo hacía a alta velocidad, en esta ocasión lo hizo sobre la faz de las aguas del anchuroso lago del Coquivacoa, desplegando sus casi 2 metros de alas de hermoso plumaje; en la cima, de la cúspide la montaña del páramo de la culata, en la Sierra Nevada de los andes venezolanos, yacían en espera en su nido, sus amados embriones, quienes esperaban pacientemente su venida para recibir del acostumbrado calor que provenía del abrigo de sus alas, ellos dormían confiados en sus cascarones soñando y esperando el día que saldrían a enfrentarse al desconocido mundo; dulce morada tenían los huevos del águila Harpía, ¡Claro! Estaban sobre la roca fuerte donde se hallaba el cómodo y cálido refugio.

Como la audaz serpiente, uno de sus hijos fue arrebatado, de manos de un hombre, quien con astucia y actitud de vil ladrón, esperó que el portentoso animal saliera de su nido para evitar ser atacado con el poder de su espíritu, ya que le tenía mucho temor, pero su codicia era más fuerte que su temor por lo que se arriesgó a obtener el preciado trofeo, sacándolo de su hábitat natural. El huevo lo puso dentro de una granja avícola, entre las gallinas, patos y otros animales que compartían el corral de la granja, al nacer el pequeño aguilucho aprendió rápido a ser gallina, era un animal muy inteligente, permaneció en cautiverio, y la jaula se convirtió en su nueva morada, una habitación que estaba muy lejos de la montaña, de su esencia y ella lo presentía.

En las noches, a través de la ventana apreciaba como las aves nocturnas volaban entre las estrellas y la luna, y todas las mañanas, en el resplandor del día, observaba en el horizonte el paso del sol y las nubes en el hermoso cielo azul, de la cual emergía de la tierra una imponente protuberancia rocosa levantándose como poderoso gigante, hogar de donde había sido despojado.

AGUI, como le decía su dueño, se creía gallina, aprendió a cacarear con su voz extraña, ya que a pesar que estaba allí no pertenecía a ese lugar, así mismo aprendió a escarbar en la tierra, puesta la mirada en lo terrenal, para buscar su inmundo y deficiente alimento, sus garras largas se deterioraban cuando las enterraba en la tierra y le imposibilitaban escarbar correctamente haciendo que el trabajo de búsqueda de las insípidas lombrices fuera cargoso, por tanto era la burla de las demás aves del corral, ya que era mala gallina; al comienzo estaba suelto con ellas aprendiendo sus costumbres, No entendía porque no había podido poner huevos, si todas las gallinas eran ponedoras, además el gallo ni se acercaba a ella, y tenía miedo de que la agarrasen para caldo, no era para nada agradable esa sensación, sin embargo aprendió a estar enjaulada y sobrellevar su condición ajustándose a las condiciones del mundo que la rodeaba.

Empezó a desarrollar algunos de sus dones naturales; su vista la llevaba a ver más allá de lo normal para un plumífero animal de corral, lo cual le producía gran curiosidad, miraba hacia arriba, se preguntaba como otras aves podían mantenerse surcando el anchuroso cielo y quién les había enseñado a volar, porque estaba convencida que las gallinas eran vuelo corto; su anhelo era conocer el dueño de tan maravilloso lugar que era el cielo. Nunca había aprendido a desplegar sus fuertes alas porque el espacio no se lo permitía y al expandirlas espantaba a las otras gallinas. Así que aprendió a convivir y relacionarse con las otras especies, pensando que era natural, miraba a su alrededor y observaba a los patos, a las ovejas, al perro, burros y los cerdos.

Un día, una persona de buen corazón pasó por frente de la granja mirando al precioso animal, y se entristeció por su condición de esclavitud, sabía que las águilas Harpías debían permanecer libres, su amor por el ave la movió a misericordia, entonces decidió comprar y pagar el precio por el ave en cautiverio, que todavía estaba en período de crecimiento y a tiempo de ser salvada, su precio fue muy costoso entregó todo lo que tenía, pero no le importó porque amaba, las amaba como se ama a un hijo, todo valía la pena siempre y cuando se salvara la especie y pudiera volar libremente surcando los cielos, como el Señor lo había diseñado y creado.

Para trasladarla a lugares altos, primero fue el pie de la montaña, y allí abrir su fría celda, el ave incrédula, dudosa y asustada permanecía dentro de su jaula, no sabía qué hacer, no tenía confianza en su salvador, no entendía lo que le decía; ella pensaba que dentro de su jaula se encontraría a salvo y segura, era su zona de confort, era de esperarse ya que era una gallina, no había desarrollado el valor de su corazón de águila.

Su nuevo dueño, le hablaba con palabras de amor, ella fue aprendiendo a conocerlo, le contaba de las cosas maravillosas que el creador había hecho para ella, pero incrédula, se conformaba con escuchar y no daba el paso hacia la puerta de la libertad, su fe era débil; su pico crecía con el tiempo y se empezó alimentarla con lo que comen las águilas para fortalecerla, enseñarle a comer el maná de vida, las garras se hacían más fuertes y duras aprendió a agarrar fuertemente la presa, en especial las serpientes, en principio las que podía manejar y no eran venenosas y después las más peligrosas, en forma iba creciendo su espíritu guerrero; preocupado por la situación, su dueño, la forzó a atravesar la puerta y destruyó su jaula, pero ella caminaba y no emprendía vuelo largo, porque no sabía volar, como lo hacían las gallinas. Aplicó varias estrategias e hizo todo lo que estaba en sus manos para enseñarle a volar, pero ella era un pollo en su alma, no dejaba que su espíritu fuera liberado, no entendía cómo hacerlo.

Entonces el dueño decidió llevarla a lo alto del monte, para que conociera a un águila especial y a través del cual ella conocería su esencia; fue dura la subida, tuvieron que dejar en el camino parte del equipaje, porque el peso a cuesta no les permitía avanzar, hacía mucho frío a medida que subían, el ave nunca dejó de estar aferrada del brazo de su dueño, observaba cómo su señor dejaba su vida por llevarla a los lugares altos, sangró en múltiples oportunidades por las raspaduras ocasionadas por las piedras de tropiezo del camino, perdió las uñas de las manos y los pies por de tantos golpes que recibió de las cortantes piedras, sin embargo, eso no lo detuvo, ni mermo su anhelo, al finalizar el día caía exhausto del cansancio, tardo 40 días en llegar a la cúspide del pico rocoso; aprovecho para dejarla en un nido, en espera de especial hermano, para que este le enseñara volar, le guiara por los lugares altos y le exhortara a dar el paso de fe. Pronto vendría el proceso de adultez, de prueba, de renovación y muerte, era imprescindible que estuviese preparada.

Por fin llegó el tan esperado amigo, el cual en principio lucho con ella porque veía que era un pollo, necesitaba eliminar esa conducta, pero Agui le demostró de qué material estaba hecho, entonces cayó en gracia y empezaron a compartir íntimamente los secretos de las alturas, hasta que llegó el día del salto de fe y despegue. Agui pensaba en lo alto de la montaña y se negaba a dar el paso, entonces Sam, nombre del águila, la empujó al despeñadero, para despertar su espíritu de ave rapaz, pues en su desespero empezó a aletear hasta que se estabilizó y pudo controlar su vuelo. Ya no era un sueño, estaba volando. Olvido el cacareo y se comportó como nuevo ser, la vieja manera de vivir había muerto y resucitado.


Usted y yo somos ese pollo llamado Agui, somos águilas que nos criamos en un mundo que no es el nuestro, por eso debemos aprender a volar en el Señor, quitando de nuestra mente los esquemas aprendidos que limitan nuestra vida espiritual hasta que dejemos de comportarnos como gallinas. A veces es necesario que el Espíritu Santo nos dé un empujón al filo en el risco más alto, como acto sublime de amor, el Padre necesita ver de qué estamos hechos, Él necesita probar nuestra fe, verificar si hemos muerto a nuestra incredulidad, tirando por el precipicio nuestras fuerzas y la incapacidad de ver más allá del horizonte terrenal; es allí cuando aprendemos a abrir las alas, para emprender el vuelo en los lugares celestiales.

La mayoría de las circunstancias que se nos presentan no tienen motivo aparente y desconocemos su origen, solo Dios lo sabe, pero estoy convencido de que todo viene para bien, si ellas son el abismo, pues en la caída aprendemos a descubrir que tenemos alas para volar y las podemos utilizar para colocarnos nuevamente sobre la roca y nos damos cuenta que no somos ciudadanos de este mundo, que viven cacareando y viviendo el presente sin pensar en el futuro, la vida eterna, sino que somos águilas que aprendieron a volar por el reino de los cielos y somos herederos de la gloria.

Así que, entre más alta sea la montaña y por más difícil que sea la subida, si nos enfocamos en Cristo, cuando volamos todo se vuelve pequeño, porque los hijos de Dios aprenden a vencer el mundo, como lo hizo Jesús. Amén...