lunes, 1 de febrero de 2021

MUROS, BARRERAS Y FORTIFICACIONES

 


“…No os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios”.

2 Tesalonicenses 2:2-4

Cuando una persona se encuentra alterada o conturbada por una situación adversa y se deja arropar por la crisis económica y la pandemia presente en estos tiempos, sin la presencia del Señor, se halla, por lo general, en una condición de olvido, destierro, cautividad, opresión, esclavitud, ruina o destrucción, es decir, sin defensas ni protección, vulnerable a todos los dardos y asechanzas que el mal está maquinado para someter nuestra voluntad, dispuesto a robarnos la paz, destruirnos emocionalmente y matarnos en lo espiritual; hay cualquier cantidad de ejemplos en la biblia de varones de Dios que levantaron muros espirituales en tiempos de crisis para evitar ser tentados y dañados por el maligno, tales como José hijo de Jacob, Moisés, David, Nehemías, Pablo, Pedro, que si bien fueron hombres comunes e imperfectos, también fueron hijos de testimonio con disposición, obediencia, conversión, confianza, oración, liderazgo en el Señor, usados para exhortar, motivar, reconstruir vidas, avivar la fe, levantar y restaurar muros, fortificaciones y obras dignas para el Señor, intercediendo y presentando los pecados del pueblo de Dios, dando pie a cambios profundos que se vieron reflejados después de su muerte, ya que estaban fundamentados sobre la roca que es Cristo y en comunión con el Espíritu Santo; hombres que con sus acciones trajeron bendición y prosperidad para todos, aun para quienes se negaban a entrar en el camino de santidad. Jeremías 15:19 “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”.

Ellos tuvieron el don de guiar, administrar, exhortar, influenciar y liderizar, gracias al Señor, fueron hijos que se dejaron gobernar por el Espíritu Santo sujetándose a la palabra, revistiéndose de la armadura de Dios dejando que se manifestara su acción liberadora porque sin ella nada podían hacer, levantando junto con el pueblo santo un muro de contención espiritual, librando la buena batalla y desarrollando fortificaciones en ayuno, oración y vigilia para evitar la corrupción y contaminación de sus vidas producto de la carne, el mundo, el maligno y sus demonios, aprendiendo a discernir y desechar lo malo para conversión y tomando lo bueno para edificación y salvación. Efesios 6:11  “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Cuando no desechamos lo malo, seguramente, usted y yo, nos encontramos atrapados por el pecado o existen barreras de incredulidad y maldad que se han levantado en nuestra mente, por la corrupción del alma y espíritu o por la concupiscencia y deseos de nuestra carne, que nos impiden dar el paso de fe y conversión.

La reflexión de hoy tratará de uno de los dos líderes utilizados por Dios en los tiempos del imperio persa, para restaurar el muro de Jerusalén, una fortificación que fue clave para glorificar y alabar el nombre del Señor, a través de acciones respaldadas por el Espíritu:

SIERVO DEL REY

Al leer las santas escrituras podemos apreciar que fue un hombre común, perseverante en la fe, que estando en una posición cómoda o privilegiada, renunció a su seguridad y prosperidad con el fin de restaurar los muros de Jerusalén, el anhelo de servirle de corazón al Señor lo llevó a condolerse del pueblo de Judá que se encontraba en ruinas por su pecado, le importaba el destino de final que recibiría; entendía por el Espíritu que al pueblo de Dios, le sobrevino ese gran mal y afrenta producto de sus transgresiones, entonces necesitaban esforzarse más para restaurar su relación con el Altísimo, debiendo reparar primero el muro de su ciudad y fortalecerse para no quedar indefensos, expuestos ni desnudos antes sus enemigos, quienes querían verlos destruíos; una tarea que parecía imposible, porque el muro de la ciudad estaba totalmente destruida y el tiempo era perentorio, pero su confianza, disposición, liderazgo y quebrantamiento de corazón {arrepentimiento y duelo}, lo llevaron a orar ferviente al Padre, liberándose primeramente de toda ligadura de impiedad que pudiese tener {en ayuno}, y seguidamente pidiéndole dirección al Señor, creyendo en su propósitos eternos. Romanos 8:28-30 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”.

Su nombre era Nehemías, siervo del rey persa Artajerjes (465-424 a.C.), imperio aqueménida, que siendo su copero, hombre de confianza, le solicitó, poniendo la mirada en el Dios, que le permitiera la reedificación de la “ciudad de los sepulcros” de sus padres {Jerusalén}, cosa que no hubiese logrado si no hubiese orado y solicitado al Señor que pusiera gracia delante del rey. Este rey persa tenía muchos enemigos que se había ganado por sus acciones, ya que asesinó a su hermano Darío, legítimo heredero de su padre el rey Jerjes; él había sido engañado por general Artabano al hacerle creer que su hermano era el responsable del asesinato de su padre, entonces procedió en consecuencia, sin embargo luego de abrir los ojos, ejecutó a los verdaderos culpables y gobernó por más de 40 años. Así pasa en nuestras vidas, cuando actuamos en nuestra justicia, cometemos errores que sus consecuencias las pagamos con creces, entonces por estos errores nos aferrarnos a cosas, personas o creencias alejadas de Dios que nos dan cierta seguridad y por lo tanto nos cuesta desprendernos de ellas, producto de que no conocemos realmente al Señor ni su perdón ni poder; en el caso del rey persa confiaba ciegamente en Nehemías; como copero, tenía la responsabilidad de garantizar la vida del rey ya que era quien probaba todos sus alimentos y bebidas verificando que no estuviesen envenados, así que desprenderse de él por más de (02) meses no era fácil {Que al final fueron 32 años} y mucho más si no conocía del Señor, pero Dios puso en su corazón la gracia y la disposición para darle el permiso a favor de su siervo. Nehemías 1:11 “Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón {Artejerjes}. Porque yo servía de copero al rey”; Nehemías 2:5-6 “Y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo”.

¿QUÉ CARACTERÍSTICAS TENÍA NEHEMÍAS QUE UTILIZÓ EL SEÑOR PARA RESTAURAR LOS MUROS?

1.      Visión: Proteger al templo de Dios, la tierra prometida y el pueblo judío de cualquier ataque y asegurar la continuidad de la adoración al Señor, era una prioridad; Dios puso el deseo en el corazón de Nehemías de reconstruir los muros dándole una visión para el proyecto, aunque él no la disfrutó porque tuvo que regresar a Susa (Irán), capital del imperio aqueménida para atender al rey, sin embargo logró visualizar la magnitud del proyecto, organizar al pueblo para servir, pudo poner orden espiritual,  implementar ciertas reformas que encaminaron y avivaron la fe del pueblo, preparando el escenario para la venida del Señor Jesucristo. Nehemías 1:2-4 “…Les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”; Nehemías 1:8-9 “Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre”.

2.        Consultar al Señor, en oración, en cada paso: Cada vez que Nehemías iba actuar, oraba al Señor y lo hacía en todo, y en algunos casos ayunaba para prepararse y librarse de las ataduras del mal, por ejemplo oró para pedir perdón por los pecados del pueblo de Judá: Nehemías 1:4 “…y ayuné y oré delante del Dios de los cielos {pidiendo dirección}”; lo hizo antes de solicitar al rey para que le permitiera la reconstrucción de los muros de la ciudad;  Nehemías 2:4 “Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos {para que le pusiera las palabras exactas}”; también lo hizo cuando sus enemigos conspiraron contra ellos para atacarles, Nehemías 4:9 “Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos {enemigos} pusimos guarda contra ellos de día y de noche”.

3.       Liderazgo y planificación: Nehemías mostro capacidad de liderazgo poco común en esos tiempos, tenía el don de alentar para emprender, influenciar, atender y convencer a otros con sus palabras y testimonio; Nehemías 2:17-18  “Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien; Nehemías 5:1 “Entonces hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos”.  Gracias a su planificación, el muro fue reconstruido en tiempo record, sin tener maquinarias ni tecnología, en 52 días estaba terminado, Nehemías 6:15 “Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días {gracias a que el Señor colocó en los corazones del pueblo, el querer como el hacer}”; Nehemías 7:73 “Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del pueblo, los sirvientes del templo y todo Israel, en sus ciudades”; y sabiamente administró las dificultades que traían la presencia de sus enemigos que se oponían a la reconstrucción del muro; Nehemías 4:13-15 “Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos {los enemigos}; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea”.

4.        Organización y orden: Ordenó y creó los equipos de trabajo por familias y resolvió los problemas internos entre hermanos; Nehemías 5:7-9 “Entonces lo medité, y reprendí a los nobles y a los oficiales {hermanos}, y les dije: ¿Exigís interés cada uno a vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una gran asamblea, y les dije: Nosotros según nuestras posibilidades rescatamos a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones; ¿y vosotros vendéis aun a vuestros hermanos, y serán vendidos a nosotros? Y callaron, pues no tuvieron qué responder {por habían actuado mal} Y dije: No es bueno lo que hacéis. ¿No andaréis en el temor de nuestro Dios, para no ser oprobio de las naciones enemigas nuestras?”; puso orden al devolver las tierras, viñas y casas a quienes habían empeñado sus casas a causa del hambre a los vividores de oficio, todo gracias a que consultaba al Señor; de igual forma Nehemías rescató el libro de la genealogía del sacerdocio y de todo el pueblo de Judío, asimismo hizo arreglar, enmaderar y levantar las puertas colocando cerraduras y cerrojos, edificando las torres, muros derribados, entre otras cosas (capítulo 3); empadrono según la genealogía familiar, organizó el linaje sacerdotal sacando a quienes no cumplían con lo ordenado por Dios, vestiduras santas, también puso orden en los bienes y ofrendas de la congregación; Nehemías 7:63-65 “Y de los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos y los hijos de Barzilai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y se llamó del nombre de ellas. Estos buscaron su registro de genealogías, y no se halló; y fueron excluidos del sacerdocio, y les dijo el gobernador que no comiesen de las cosas más santas,  hasta que hubiese sacerdote con Urim y Tumim”.

5.      Perseverancia a pesar de las dificultades: Nehemías fue ejemplo y testimonio de perseverancia, ya que no decayó nunca ante las dificultades; tenía muchas cosas en contra por ejemplo: una amenaza de muerte de parte sus enemigos, el tiempo reducido para regresar con el rey a quien servía, un proyecto de gigantes magnitudes, ser prácticamente un desconocido en su propia tierra, sin tener autoridad sacerdotal ni seguidores, pero tenía lo más grande, la certeza de que Dios estaba de su lado, esa confianza que le dio la valentía e impulsó a esforzarse y abrir caminos, sobre todo cuando el Señor va al frente; él no había olvidado que Dios abrió el mar rojo cuando se había acabado el camino y el pueblo de Israel era asechado por el Faraón y su ejército en Egipto, tampoco cuando los alimentó y dio de beber agua en el desierto, eran más de 5 millones de personas y Dios lo hizo, bautizar y limpiar al pueblo en el río Jordán para entregar la tierra prometida, Dios lo hizo, peleó las múltiples batallas haciendo correr espavoridos a los enemigos, todo por la gracia de Dios, entonces, por qué dudar que levantaría el Muro, una Fortaleza más fuerte; esto no se trata del muro que restauró con rocas y piedras, sino del Muro Espiritual que el pueblo necesitó para levantarse y volverse a Dios, convirtiéndose de sus malos caminos, recibiendo la misericordia.

6.     No había mezquindad en su corazón: Nehemías a pesar de ser nombrado gobernador por el mismo rey, sin quitar su mirada en el Señor, se apoyó en Esdras y los levitas para levantar la obra de Dios en el pueblo, derribando las barreras de tinieblas y oscuridad que les impedía buscar del Señor en espíritu y verdad, ya que tenía claro que el crecimiento lo daba el Señor, poniendo el sello al Muro espiritual que los resguardaría hasta la llegada de Jesucristo. Nehemías 8:5-6  “Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo;  y cuando lo abrió,  todo el pueblo estuvo atento. Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra”; Nehemías 8:11 “Los levitas,  pues, hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callad,  porque es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado”.

Reflexión:

En el mundo siempre habrá trampas, barreras, estereotipos, sabiduría, muros creados por el enemigo que trataran de que te olvides del Señor, caigas en el ciclo vicioso de la culpa, el desasosiego, la depresión y la muerte. Sólo a través del Señor, es que podemos levantar los muros de fortaleza que necesitamos para restaurar nuestra vida, esos que nos guardarán de las asechanzas del diablo, que lo que quiere es destruirnos, robarnos la paz y quitarnos la vida dada por Cristo.

Es hora de hacer como Nehemías, sin perder la mirada en Cristo, condolernos por los perdidos, permitir que el Espíritu de Dios sea quien gobierne nuestras vidas, consultando cada paso que damos, planificando nuestra vida espiritual, pida al Señor que le revele que quiere para su vida, ejerza el don de liderazgo, la autoridad que Cristo le dio, pero con humildad y sométase a su palabra, haga las cosas decentemente y orden de sincero corazón, seamos testimonio de que Cristo vive en nosotros, perseveramos sin desmayar, esfuerce por agradar al Señor, sea valiente, no importa que dirán los demás, pero sobre todo deléitese de compartir y trabajar con los hermanos, unidos, como una sola iglesia, como un solo cuerpo, en un mismo Espíritu y haremos cosas que para los hombres es imposible, pero para Dios no lo es.

El Señor está esperando de que salgan los buenos obreros, los siervos de corazón dispuesto, esos tales adoradores, que le alaben es Espíritu y verdad, para glorificarse en ellos y bendecir sus vidas, para que toda nación diga este es el pueblo de Dios, la nación santa respaldada por el Padre todopoderoso y que recibirá la herencia prometida desde los primeros tiempos, Amén...

miércoles, 20 de enero de 2021

EL “A”, “B”, “C” DE DIOS

 


Hay un refrán popular venezolano que dice “Arrópate hasta donde te alcance la cobija”, que es una forma muy particular de decir que no pretendas usar lo que no tienes. Es lícito tener sueños, metas, objetivos, crear y anhelar cosas, inclusive luchar por alcanzarlo u obtenerlo, asimismo también lo es equivocarse, caerse, esforzarse, levantarse y volver a intentarlo, siempre que lo hagamos todo decentemente y en orden del Señor, porque el Padre Altísimo, creador de todo el universo, es un Dios de orden. Génesis 1:2-4 “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas”; el orden debería ser una característica que deberíamos imitar como hijos que somos del Padre, pero por lo general no lo hacemos, por eso muchas veces queremos correr y no hemos ni siquiera aprendido a caminar, tropezándonos en el camino.

Gracias a la necedad e insensatez del alma los hijos de Dios, de una forma u otra, desean abarcar más de lo que quieren o pueden tratando aplacar su insaciabilidad, esforzándose duramente para alcanzarlo apartados de lo santo y glorioso; la gran mayoría obtienen resultados infructuosos, ya que son incapaces de involucrar, primero, a Dios en sus planes y en las tomas de decisiones. Esto es un hábito espiritual que quizás les parecerá locura para algunos, ya que los planes de Dios no son fácil de entender y para otros es muy difícil aplicarlo a sus vidas porque sus planes y decisiones no dan la gloria ni el honor al Señor sino que se generan de las entrañas, en la carne, posiblemente por nuestra condición de pecado, incredulidad o por autosuficiencia, actitud que va en contra del conocimiento de Dios y su verdad, y que finaliza en un trabajo, esfuerzo o sabiduría vana que no edifica para la eternidad, simplemente porque no se ha dejado ministrar por el Espíritu de Dios por falta de disposición de corazón y temor santo. Salmo 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia”; Proverbios 1:7 “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”.

Se puede observar gran cantidad de hermanos con ambiciosos deseos de levantar grandes obras para Dios, afanados por obtener en la tierra la prosperidad y las riquezas que Dios ha prometido como herencia, develar los secretos y misterios ocultos del Señor por revelación, aspirando llevar a los confines del mundo las buenas nuevas tratando de cumplir con la gran comisión dejada por Cristo, queriendo poseer los dones de profecía, sanidad, milagros, fe, lenguas, entre otros, según, para alabar, adorar y glorificar su nombre, pero su testimonio no les ayuda, les entorpece, denota que hay algo en ellos que no ha sido tratado por el Señor y los estanca espiritualmente hablando, ya que son incapaces de cumplir con lo más simple, el “ABC” de Dios: el arrepentimiento, el perdón (la benignidad) y la conversión, siendo piedra de tropiezo para la obra, espantando a los nuevos creyentes y dañando la vida espiritual de muchos más “maduros”, que quedan resentidos con el Señor y con la Iglesia de Cristo por causa de los pecados de los hombres. Si al haber vamos, lo que aplican en sus vidas es su “AVC”, es decir el “a veces sí”, “a veces no”, “a veces santo”, “a veces pecador”, siendo hijos de doble ánimo, inconstantes en la fe y sin un camino de rectitud definido; Santiago 1:8 “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”; a tal extremo que, aunque son cristianos de años conociendo el evangelio, son incapaces de cumplir lo que Dios ha dejado en su palabra aplicando las enseñanzas de Cristo para sus vidas, por la simple razón de no hay gobierno del Espíritu Santo.

Por estas razones, se puede afirmar que no son hijos justos, piadosos ni hacedores de la palabra y tampoco eficaces en su oración, ya que si lo fueran su testimonio así lo confirmase; se pudiera decir que son oidores inertes, doctos y habladores de letra muerta donde la palabra no ha hallado cabida en sus vidas; por eso los vemos con sus vidas hechas un desastre por dejadez espiritual, incredulidad o impiedad (falta santidad), aunque tengan capacidades de liderazgo, sean muy trabajadores y hayan cumplido roles de pastores, ancianos, siervos, maestros, profetas u adoradores de años, pero realmente no han sido tratados ni transformados en el Espíritu y por ende son tendientes a prevaricar fácilmente contra Dios por falta de discernimiento, transformándose en piedras del tropiezo por el mal testimonio de Cristo que han venido presentando, quieran o no quieran reconocerlo. Hebreos 5:12-14 “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”.

¿Cómo reconocer que estamos fuera del ABC de Dios?

(A)     Por falta de Arrepentimiento:

Por lo general el arrepentimiento está relacionado con la actitud de compunción, abatimiento, lamentación o cambio de idea cuando hemos cometido un error, un pecado o una conducta indigna, que en un sentido más amplio y profundo, espiritualmente hablando, es la manifestación sincera de amor de nosotros hacia el Señor; es confesar y renunciar al pecado antes que su justicia se manifieste. Cuando Adán y Eva pecaron, sintieron la vergüenza de la desobediencia que salieron a ocultarse, en vez de arrepentirse ante el Señor; esta actitud les impidió confesar su pecado para ponerse a cuentas y clamar por su benignidad, sino que torpemente empezaron a echarse la culpa unos a otro sin reconocer su pecado. Génesis 3:6-13 “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí”.

Cuando nos arrepentimos de verdad se ve reflejado en nuestro testimonio, tenemos temor santo y nuestras obras dignas testifican por sí; no por costumbre religiosa, miedo, ni mucho menos por simbolismo, hipocresía o apariencia, porque esto es una falsa piedad que busca ocultar nuestras oscuras intenciones o emociones, las cuales nos negamos a renunciar o morir; sino más bien, con el conocimiento pleno del amor de Dios y el anhelo profundo de agradarle entregar lo mejor de nosotros. 1 Juan 1:9 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”; Lucas 15:7 “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”; Hechos 10:35 “sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”; Salmo 7:11-12 “Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días. Si no se arrepiente, él afilará su espada; Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado”. Es necesario arrepentirse de corazón, porque el Señor no desprecia un corazón contrito y humillado, pero la decisión es personal, nadie puede ser obligado a arrepentirse y no hacerlo es soberbia, por la cual también daremos cuentas.

(B)     No practicamos la Benignidad:

La palabra dice en Lucas 6:45 que “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”, se puede decir que un hijo de Dios es benigno cuando humildemente es capaz de pedir perdón o perdonar de corazón, de humillarse ante la presencia de Dios y bajar su cerviz, sacando lo bueno de su corazón y desechando lo malo, apelando al amor de Dios para que tenga misericordia de él y sobre todo a quien lo ofendió, así como lo enseñó Jesucristo al subir a la cruz perdonando a quienes le dieron muerte siendo inocente; de la misma forma nosotros debemos perdonar al peor de nuestros enemigos, ya que eso demuestra que su benignidad vive en mí. Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”; Filipenses 2:6-8 “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”; Lucas 23:34 “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes”; Marcos 11:26 “Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”; quien perdona de corazón, el Espíritu de Dios mora en él, ya que la benignidad se manifiesta con su poder sanador y restaurador; así que si decimos ser hijos de Dios y no ha aprendido a perdonar, su amor no está en nosotros, no somos buenos; por eso vaya y pida perdón aunque usted sea el agraviado, eso dice mucho de su madurez espiritual.

La benignidad es parte del fruto del Espíritu Santo, es la misericordia de Dios dada a los hombres, la condescendencia típica del juez eterno dada a todo hijo, que por imagen y semejanza también debemos dar, en otras palabras, es tener la capacidad amar y rechazar la aplicación total de la justicia, perdonando las transgresiones de quien ha fallado, permitiendo que se arrepienta de corazón y se levante, porque de otro modo seríamos condenados porque nadie es perfecto; Santiago 2:13 “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”. La palabra dice en Hebreos 12:6 “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo”; 1 Timoteo 4:4 “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias”; la benignidad está por encima del juicio, la disciplina y el castigo de Dios, ya que ella es el aceite que lubrica su justicia; sin embargo abusar de su esencia es una torpeza, porque nos puede llevar a burlarnos del Señor recibiendo como pago el fruto de nuestra iniquidad; Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”; 3 Juan 1:11 “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios”.

Son incontables los llamados que hace el Señor para que seamos benignos, buenos y misericordiosos como Él lo es con nosotros, Colosenses 3:12-13 “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”; por eso es necesarios que seamos irreprensibles en todos los aspectos, busquemos la santidad y su justicia, desechando la soberbia, la ira, la codicia, la contienda, etc., que podamos dar testimonio que el Espíritu de Dios vive en nosotros; Tito 1:7-9 “Porque es necesario que el obispo {líder, siervo, hijo de Dios} sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen”.

(C)     Huimos de la Conversión:

La conversión refleja la acción o hábito del creyente de poner la mirada en Cristo y volverse a Dios, es decir, regresarse de sus malos caminos y mantenerse en santidad, comunión y obediencia; es someterse y sujetarse al Espíritu de Santo, es entender que significa ser un hacedor de la palabra por revelación y activarse, alineando el creer, el pensar y el actuar, viviendo la palabra y siendo el hijo de Dios que somos llamados a ser. Huir en estos tiempos de este hábito espiritual trae como consecuencia oscuridad y tinieblas en nuestras vidas desembocando en enfermedad, autosuficiencia, impiedad, iniquidad, ira, soberbia, fornicación, adulterio, lascivia, etc.; 2 Timoteo 3:1-5 “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”; 2 Crónicas 7:14 “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

Es errado pensar que la conversión está enfocada solamente en el hecho de haber recibido a Cristo, y empezar a congregarse en una iglesia, esto lo podemos hacer en la carne, religiosamente y no en el espíritu, es decir, sin sinceridad de corazón, si lo hacemos así, indica que nuestra alma controla nuestras vidas y no hay disposición de quererse devolver de sus malos caminos y encontrarse verdaderamente con Dios. Hay quienes pasan años y años ocupando un espacio en una iglesia, pero no deciden convertirse a Cristo por falta de revelación y entendimiento, dando mal testimonio a los fieles e inclusive siendo piedra de tropiezo para muchos de los nuevos creyentes; la exhortación de hoy, es recordarnos que Dios ha querido, desde el principio, que apliquemos su ABC y dispongamos nuestro corazón para ser un hijo diferente, dejar de ser Jacob y transformarnos en Israel, su pueblo amado, que aceptemos su promesa de ser la nación santa que heredará todas las cosas y entrar al reino de los cielos, dejar el desierto y entrar a la tierra prometida donde fluye leche y miel, en el cual compartiremos la mesa con nuestro Señor Jesucristo.

Reflexión:

Si siente que usted se ha estancado y no ha crecido espiritualmente hablando, si tiene la necesidad y el deseo de seguir o servirle al Señor pero no ha dado el paso de fe, demostrando poco esfuerzo y valentía, es porque no ha aplicado el ABC de Dios: el arrepentimiento, la benignidad y la conversión a su vida. Es necesario que hoy mismo comience, aplique lo más simple y verá su gloria, sino de que nos vale recitar todas las santas escrituras y congregarse, si no podemos ser testimonio de Cristo que vive en nosotros, ¿será que el Espíritu de Dios mora en nosotros?, desistamos de la sabiduría vana y seamos hacedores de lo simple y lo demás llegará por añadidura; 1 Corintios 3:18 “Nadie se engañe a sí mismo: si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo, hágase simple {haga el ABC de Cristo}, para ser sabio {temeroso de Dios}”.

Es importante que como cuerpo de Cristo seamos de un mismo sentir, nos respaldemos unos a otros en oración, intercesión y cubrimiento, clamando al Padre para que nunca nos falte un pastor de conducta irreprensible que sea capaz de humillarse y arrepentirse ante Él, para que no haya ciego guiando a otros ciegos, siervos de corazón conforme al corazón de Dios, capaces de doblegar su alma, amar y perdonar al prójimo, siendo humildes, logrando pedir perdón de corazón, asimismo ser ovejas que escuchen la voz de Cristo, que se sujeten a la verdadera autoridad, como también ser hijos obedientes que se conviertan, escuchen consejos y se sometan a la palabra, para que podamos decir cuando comparezcamos ante el Señor: Jesús nos presentamos ante ti como la Iglesia que has amado, con las vestiduras blancas de santidad, la cual fue purificada en el fuego consumidor de tu palabra, se hizo digna al humillarse y convertirse de sus malos caminos, que no posee manchas ni arrugas porque cambio sus harapos por vestiduras llenas de honor, honra y alabanza, la cual no tiene nada de qué avergonzarse porque sus pecados fueron llevados y clavados en tu cruz; por eso te damos gracias Señor, gracias por tu misericordia y benignidad, bendito sea tu nombre, Amén. 1 Pedro 3:8-9 “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”.

“Y dijo {Jesucristo}: De cierto os digo, que si no os volvéis {Convertís a mí} y os hacéis como niños {aplicando el ABC de Dios}, no entraréis en el reino de los cielos”. Mateo 18:3


martes, 5 de enero de 2021

LA MEZQUINDAD DEL ALMA

 


2 Corintios 9:6-7 “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.

Existen ciertas verdades dentro de nuestro entorno social en la cual nos desenvolvemos, que describen lo que somos como personas y como hijos de Dios; muchas de estas verdades no estamos en la capacidad de digerirlas y aceptarlas por nuestra condición espiritual o por la corrupción de nuestra alma, lo que origina cualquier rechazo a toda exhortación, consejo o premisa, porque nadie está dispuesto a ser confrontado y mucho menos ser expuesto al escarnio público; pero, decía Juan el Bautista a los fariseos e hipócritas, que eran “el pueblo de Dios”, quien huirá de la “ira venidera”, quien escapará del juicio eterno, pues a muchos hijos de Dios se les olvida que por todo daremos cuenta. Mateo 3:7 “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?”; Pasajes de las Sagradas Escrituras como este, deberían ponernos a reflexionar y meditar como estamos actuando ante Dios y los hombres, llevándonos a cambiar y convertirnos por si solos, sin embargo, el pecado nos impide ver más allá de lo que nos muestran nuestros ojos, por la mezquindad de nuestro corazón.

Solo los valientes, hombres o mujeres sin mezquindad, son capaces de humillarse ante el Señor y los demás, permiten ser confrontados con las santas escrituras, porque entienden que en ellas no hay maldad, la maldad existe en el corazón de quienes la tratan de interpretarla en la carne, dando rienda suelta a su alma, sin la ayuda del Espíritu Santo; no olvidemos que la palabra es la esencia pura del Cristo, es la verdad no adulterada, es la voluntad de Dios, qué para muchos de nosotros es dura, justa, incorruptible, intachable, es espada de doble filos que nos reprende, exhorta, ayuda a corregir, instruir, enseñar, la cual nos lleva a entender porque somos lo que somos y derriba cualquier argumentación, justificación, manipulación o lógica humana que queramos aplicar de acuerdo a los intereses de nuestra alma.

Es por ello, que los minutos de reflexión de hoy tratarán sobre la mezquindad del hombre, en especial la del alma; pero dejemos que el Espíritu de Dios nos abra el entendimiento, no permita que nuestras argumentaciones lo desvíen o saquen realmente de lo que se quiere enseñar y pídale al Señor que le revele si estamos siendo mezquinos con lo que hablamos, pensamos o hacemos, tanto en lo personal, espiritual o social, Amén:

La palabra mezquindad tiene varios sinónimos con un alto grado de maldad humana, dentro de ella se encuentra: la ruindad, hipocresía, egoísmo, falta de nobleza, avaricia, cicatería, roñería, sordidez, ocultismo, suciedad del alma, mancha espiritual, devaluación del ser, indigencia del pensamiento, bajeza, las puñaladas traperas que damos, la traición, entre otras cosas. Por ello es tan importante revisarnos, porque estos portillos no permiten que crezcamos espiritualmente ya que nos tienen atrapados en lazos de impiedad y tinieblas que hacen que poco a poco nuestros huesos se vayan secando, cubriéndonos de oscuridad haciéndonos mezquinos, entrando en un ciclo de estanquidad, iniquidad, maquinación, miedo, depresión, o culpa, en la cual el enemigo nos tiene atado por nuestro descuido o debilidad, olvidando que el Señor ya nos libertó y nos hizo aptos en la cruz, siendo para siempre, sin embargo no lo hemos aceptado, entendido ni percibido porque tenemos falta de conocimiento del amor y justicia de Dios, arrepentimiento y conversión.

Haciendo referencia a 2 Corintios 6:15 observemos que Pablo decía: “¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?”, como pueden entrar en armonía lo santo con lo profano, la verdad con la mentira o la luz con la oscuridad; para el pueblo de Dios, los mezquinos eran hombres impíos, incrédulos, llenos de tinieblas, idólatras, considerados los “hijos de Belial”; está connotación se mantiene en muchos religiosos de los tiempos actuales, ya que Belial en la antigüedad era considerado un demonio, por eso Pablo exhortaba a todo varón de Dios a que no se uniera en yugo desigual con ellos, ya que serían contaminados, como se contaminó Salomón, y las consecuencias de sus acciones fueron evidentes. Por lo tanto, cuando en las santas escrituras menciona a los “hijos de Belial” se refiere a personas mezquinas que se apartan de la santidad, olvidándose de Dios y su palabra, persiguen sus propios intereses, y cuya relación con la carne, el mundo, mal los hace ser codiciosos, avaros, amantes de las ganancias terrenales producto de la corrupción de su alma. En ese sentido la mezquindad tiene un vínculo directo con el maligno, la carne, el mundo, la idolatría, la injusticia, la incredulidad, el ocultismo, la inmoralidad y la deshonestidad.

2 Corintios 6:14-18 “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial {Mezquindad}? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”.

Pero qué tal si los mezquinos somos nosotros, que tal si los hijos de Belial somos usted y yo, ¿Tendremos la capacidad de reaccionar, arrepentirnos y pedir perdón a Dios y aquellas personas, hermanos de la fe o cualquier otro, que por nuestra mezquindad hemos dañado, ensuciado los corazones, perturbado espiritualmente?, será que ¿Estoy siendo testimonio de Cristo, menguando a mi ser y dejando que Él crezca en mí, siendo congruente con lo que digo creer, amar y predicar? o ¿Es pura falacia, mentira de pura apariencia? sincérese con usted y con Dios, este es el primer paso para la conversión.

Si somos capaces de dar testimonio, con obras dignas de arrepentimiento, ante Dios y los hombres y lo hace de corazón, gloria al Señor, porque recibirá bendición y misericordia, ya que el justo nunca será desamparado ni su descendencia mendigará pan, porque Dios premia a los varones de corazones esforzados y valientes que son capaces de reconocer sus pecados y convertirse de sus malos caminos; de lo contrario no se sorprenda cuando la justicia de Dios llegue, no se olvide que tarde o temprano daremos cuenta por lo que hacemos, es mejor saldar los asuntos pendientes con el Señor, diariamente, antes que nuestra mezquindad sea develada y seamos avergonzados ya que nos negamos al genuino arrepentimiento y la conversión, así que, al postergar los asuntos pendientes nos exponemos a la condenación eterna, porque del Señor nadie se burla. La pregunta ¿Por qué tenemos que llegar a esos niveles, si Dios nos da la oportunidad de rectificar? Pues, porque tenemos un corazón mezquino, que no se sujeta al Señor, dominado por nuestra alma; entonces, no sea mezquino con usted mismo, dé el paso de fe, que lo hará salir de su estanquidad espiritual, pídale fortaleza la Señor.

Desde el punto etimológico, hay estudios que aclaran que la palabra “mezquino” proviene del árabe miskín, que significa pobre, indigente, mísero, digno de pena o lástima. En su connotación catalán “mesquí”, significa, “falto de generosidad”, “poco amigo”, “de sentimientos viles” o “falto de la amplitud y de la grandeza necesaria”; Hay ricos y pobres miserables, mezquinos de espíritu, y también los hay ricos en riquezas espirituales porque están llenos de la presencia de Señor y sus testimonios así lo confirman, sin embargo, ¿Quién de nosotros de una forma u otra, impulsados por nuestra alma, no hemos sido viles con nuestro prójimo, amigos, familia, vecinos, etc?, aunque aparentemos o tengamos signos de piedad y asistamos regularmente a una iglesia; pareciera muchas veces que el Espíritu de Dios no morara en nosotros, ya que nos comportamos como unos pequeños monstruos demostrando miseria espiritual por falta de amor y firmeza en el Señor, y aunque no lo queramos reconocer, tenemos una sórdida alma controladora que le gusta manipular y nos lleva directo a la destrucción. Todo tiene su tiempo y su hora, se está acercando la segunda venida de nuestro salvador y el pueblo de Dios se encuentra disperso viviendo su ahora y se despreocupa por la eternidad producto de la carne, dice la palabra en, Romanos 8:9 “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”, si usted dice llamarse hijo de Dios, abandone su mezquindad y entregue al Señor lo que le corresponde, deje el menosprecio, Él quiere que le entregues y guardes tu corazón..

Los versados en la palabra, afirman que en la Reina Valera Antigua (1602), se usa el término “hijos de Belial”, en lugar del adjetivo mezquino, refiriéndose a algunos de los hombres guerreros judíos, de actitud necia, que lucharon con David y que lo acompañaron en su expedición de rescate de los cautivos en manos de los Amalecitas, donde se tomaron ciertos derechos que no les correspondían, ya que no querían devolver lo arrebatado por los enemigos a quienes les pertenecía por pura mezquindad.

Hay cosas que creemos que es nuestro derecho porque las luchamos y vencemos, cuando en verdad Dios fue quien nos la entregó, por eso de nada vale lo que pensemos o digamos en la presencia del Señor, si existe un interés oscuro en lo más profundo del corazón. 1 Samuel 30:22-25 “Pero entre los hombres de David, algunos mezquinos dijeron: -Por no haber venido con nosotros, no les damos del botín recuperado, sino sólo su mujer y sus hijos a cada uno; que los tomen y se marchen. Pero David dijo: -No hagan eso, camaradas, después que el Señor nos ha dado la victoria, nos ha protegido y nos ha entregado esa banda que nos había atacado. En eso nadie estará de acuerdo con ustedes, porque tocan a partes iguales el que baja al campo de batalla y el que queda guardando el equipo. Aquel día David estableció esta norma para Israel, y ha estado en vigor hasta hoy”; Lucas 12:20-21 “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”.

Jonás sufrió mucho por su mezquindad, él quiso disponer de la salvación del Señor que le había regalado por gracia a Nínive; llegó a estar al borde de la muerte en las entrañas del gran pez, sin embargo se acordó del Dios misericordioso ya cuando daba todo por perdido, entonces el Señor le dio la oportunidad de hacer su voluntad agradable y perfecta; seguramente si sacamos cuentas de cuantas veces Dios nos ha dado la oportunidad de arrepentirnos y obedecer sus mandatos, descubriríamos que son incalculables, pero no habrá cambio hasta que nosotros decidamos convertir nuestra alma, renunciando a la mezquindad.

Observe bien cuando un “amigo” le saque en cara lo que ha hecho por usted, le recomiendo que tenga mucho cuidado porque esa persona es mezquina y sus intenciones tienen un fin oscuro y perverso aunque las razones inicialmente hayan sido otras, por lo general, el mezquino, tratará de crear un compromiso, un sentimiento de deuda o agradecimiento, tratando de influenciar o conquistar su voluntad; un sentimiento que solo Dios puede recibir, porque es el Señor y Rey de todo y de Él dependen todas las cosas. Esto no quiere decir que uno no sea agradecido con quien ha servido como instrumento de bendición para nuestras vida, pero debemos darle a cada quien y a cada cosa su justa medida, sin robarle la gloria a Dios.

La mezquindad es una actitud que se produce en el alma y contamina el espíritu de un hijo que no se ha convertido de verdad al Señor, es una sensación de perenne carencia, vacío, sed, necesidad satisfacer el alma con las cosas del mundo, aunque se tenga lo suficiente; es olvidarse para cual propósito eterno fuimos llamados, descuidar su vida espiritual y la de nuestro prójimo, familia y discípulos, ya que la concupiscencia del alma es la que prevalece y nos hace sentir la necesidad de ser aceptado con nuestros errores y pecados, pero no queremos cambiar.

Hay estudios serios que afirman que suele ser un mecanismo de defensa para esconder los traumas, las incompetencias e inseguridades severas creadas en la antigua manera de vivir en áreas no sanadas de nuestro espíritu, por eso es una enfermedad del alma arraigada en lo más profundo de nuestro ser, lo cual hace necesario someter y sujetar del Señor, sin aplazamientos ni demoras, para ser libertos con la libertad de Cristo, postergarlo es insensatez.

El mezquino se cree autosuficiente, confía en su propia fuerza, por eso lucha por resguardarse y protegerse de lo que le causa dolor, sin embargo esta sensación de fortaleza es fugaz, ya que no ha sido tratada por el Señor, en consecuencia está destinada a caer y desfallecer en el camino, por eso cuídese de sentirse más fuerte, espiritual o superior a los demás porque se engaña a sí mismo, es mejor pasar por el fuego consumidor, el dolor que sana, humillarse en postración y oración, en la presencia del Señor, convirtiendo su alma para que vengan los tiempos de refrigerio. El alma pretende hacerle creer que está ayudando a los demás, cuando realmente hace el mínimo esfuerzo a favor de otros. Isaías 32:5-6 “El ruin {mezquino} nunca más será llamado generoso, ni el tramposo será llamado espléndido. Porque el ruin {mezquino} hablará ruindades {mezquindades}, y su corazón fabricará iniquidad {maldad}, para cometer impiedad {pecado} y para hablar escarnio {se burla} contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento”; 1 Samuel 2:12 “Los hijos de Elí eran hombres impíos {mezquinos}, y no tenían conocimiento {temor} de Jehová”.

¿CÓMO PODEMOS VENCER LA MEZQUINDAD?

1.    Arrepiéntase, restituya y restaure lo dañado, devuelva lo robado, lo despojado, lo defraudado por cuadruplicado; Lucas 19:8 “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.

2.    Conviértase a Cristo de verdad, ponga la mirada en el Señor, y deje hacer obras muertas, que no conducen a nada. 2 Crónicas 7:14 “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”.

3.    Cumpla con el llamado que Dios le hizo. Sean santos, obedientes y cumplan la gran comisión de ir hacer discípulos y llevar las buenas nuevas por cada rincón que se encuentre. 1 Pedro 1:15-16 “Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «Sean santos, porque yo soy santo»”; 2 Pedro 1:10-11 “Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.

4.    Dé, sin esperar nada a cambio. Lucas 6:35 “Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos {mezquinos}”.

5.    Aprenda a humillarse, sometiendo su ego al Señor, renuncie a la altivez y soberbia, para que reciba exaltación de lo alto, donde ningún ojo humano vio, ni oído ha escuchado. Santiago 4:6 “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.

6.    Deje de jugar, manipular, controlar o someter los sentimientos de otros, en especial a los seres más queridos. Mateo 18:6 “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”.

7.    Evite los reclamos protagonistas porque tiene mayor visibilidad, autoridad o madurez frente a los que trabajan tras bastidores, o andan iniciándose en el Señor. Colosenses 3:23-24 “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”; Romanos 12:18 “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”.

8.    Todos somos parte del cuerpo, por lo tanto un gran logro es producto de todos miembros, de las manos santas entregadas al Señor, que colaboran para crecimiento de la obra del Señor. Así que no se señoree, porque solo hay un solo Señor, un solo Pastor, un solo Dios que es digno de ser alabado y exaltado. Ezequiel 34:4 “No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia”.

9.    Dígale NO a la mezquindad, en todos los sentidos, siembre para salvación y vida eterna, empezando primero por usted y luego de vencida, ayude a otros dentro y fuera de la iglesia, vida personal, trabajo, familia, comunidad. Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.

REFLEXIÓN:

Hay dichos de nuestras bocas, pensamientos, sentimientos y acciones de nuestro ser que solo envenenan nuestro corazón por la mezquindad que nuestra alma trae consigo, es importante identificarlos y eliminarlos con la ayuda del Espíritu Santo; si sobre nosotros, frecuentemente, prevalece el pecado, la astucia, la maña, la manipulación, la mentira, el engaño, el ocultismo, la maquinación, la ruindad, la traición, la hipocresía, egoísmo, la soberbia, altivez, falta de nobleza, avaricia, sordidez, la falta de santidad, la maldad disfrazada de benignidad, la falsa piedad, la falta de conversión, es porque usted necesita someterse y sujetarse del Señor. No desperdicie la oportunidad porque cuando el Señor se manifieste, no habrá tiempo para arrepentirse, búsquelo mientras pueda ser hallado.

Se puede ser mezquino en la opulencia o en la pobreza, porque no se trata de lo que tienes, sino de lo que estas dispuesto a entregar, dar u ofrecer; Jesús entrego su vida por amor a nosotros, ¿Qué estas dispuesto a dar tu por los demás? Dios te bendiga...

Isaías 55:6-8 “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová”.

lunes, 14 de diciembre de 2020

¡EL COLMO DE LA HIPOCRESÍA!


Mateo 23:13 "Mas !!ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando".

Esta reflexión la escribí en el año 2014, y Hoy sigue teniendo vigencia para muchos porque de hipócritas está lleno el mundo, donde los primeros de la lista somos nosotros, leamos detenidamente:

Quiero reflexionar sobre una característica humana que seguramente muchos de los lectores lo evitarán porque nos lleva a meternos en aguas profundas, ya que es un tema por demás espinoso, y tiene que ver con una realidad virtual en la que estamos sumergidos muchos creyentes “cristianos” y que al confrontarnos puede llegar a desnudar y herir nuestra alma y corazón, inclusive a generar argumentaciones vanas por la gran cantidad de desviaciones doctrinales que hemos aprendido y adquirido en nuestro caminar diario y que no nos permiten ver la verdadera realidad que solo Dios conoce; es una doctrina que se encuentra sembrada en nosotros como semilla de mentira, idolatría y religiosidad, producto de ausencia y sujeción al Espíritu Santo, y que nos hace actuar erradamente y testificar de un dios que no es el Cristo vivo.

Comencemos por decir qué: Usted y yo somos unos mentirosos, ¡si unos mentirosos!, por muy duro que pueda ser esta afirmación, ¿Quién no es mentiroso?, el que diga lo contrario está engañándose a sí mismo. El famoso Homero (Poeta griego-VIII a.C.) decía: “Odioso para mí, como las puertas del Hades, es el hombre que oculta una cosa en su seno y dice otra”, en otras palabras el HIPÓCRITA. Son innumerables las veces que hemos actuado con hipocresía ante el Señor; cuantas veces le hemos dicho que le amamos pero a nuestra manera, ya que no queremos hacer lo que Él nos dice, eso es hipocresía por muy bonito que lo quiera adornar, sigamos indagando para tener la claridad de esta afirmación.

Observemos que dice la Web sobre la Hipocresía: "es la actitud constante o esporádica de fingir creencias, opiniones, virtudes, sentimientos, cualidades, o estándares que no se tienen o no se siguen. La persona hipócrita finge cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tiene o experimenta. La hipocresía en si es un tipo de mentira o pantalla de reputación. Puede venir del deseo de esconder de los demás motivos reales, o sentimientos. La hipocresía es simplemente la inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace"[1], ahora ¿Qué dice?, será que no hemos fingido amor a Dios, al prójimo, a su obra, a los principios que predicamos, a los sentimientos que decimos tener, y a la hora de la verdad tiramos por la borda todo eso que llevamos años enseñando y aparentando, por falta de conversión real.

Hubo una vez un escritor francés llamado Rochefoucauld (1613-1680) que decía que: “La hipocresía es un homenaje que el vicio rinde a la virtud”, podríamos pensar que nosotros no tenemos nada de lo que hemos mencionado, no fingimos, no ocultamos nuestros sentimientos o no tenemos vicios y que son los demás los que lo tienen, sin embargo una vez Jesús le dijo a unos sacerdotes y escribas judíos: “Hipócritas… Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:7-8), pues pudiéramos argumentar que nosotros no somos fariseos, que los fariseos son los religiosos que viven bajo la ley y creen en Dios a su manera, a su conveniencia, sin embargo, existe un “pero”, Pedro exhortaba a los cristianos lo siguiente: “como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:14-16), eso no era una recomendación era un mandato de Dios: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios” (Levíticos 20:7).

Muchos de nosotros, los "hijos de Dios", vivimos en la carne, levantado obras muertas, hechas sin la presencia del Espíritu Santo, por eso echamos a perder la obra que el Señor hizo por todos nosotros, trayendo con esa actitud muerte y tinieblas a nuestras vidas, imaginémonos que nos colgamos del cuello a un muerto y tratáramos de caminar hacia adelante sin soltar esa carga, por muy grotesco que suene, la hediondez y la corrupción de ese cuerpo sin vida terminaría por contaminarnos de muerte, todo esto porque nos resistimos a vivir en santidad y limpieza solo porque vivimos aferrados a los malos deseos y placeres que el mundo nos da y que te llevan desear las cosas perecederas y no las eternas, lo más tremendo es que al llegar a nuestras iglesias parecemos lindos corderitos, incapaces de levantar la voz para que nadie se ofenda, pero en realidad somos unos lobos feroces, leones rugientes, unos zorros que vivimos dañando el viñedo, contaminando la obra del Señor, somos en pocas palabras unos HIPÓCRITAS, que ocultamos nuestra maldad con apariencia de piedad.

Shakespeare decía: “Dios os ha dado una cara y vosotros os hacéis otra”, todo hombre es sincero a solas; pero basta que aparezca una segunda persona cuando empieza la hipocresía, y todo esto es producto de que no se ha encontrado de verdad con el Cristo de gloria, no se ha convertido realmente.

Hay quienes somos tan falsos que ya no somos conscientes de nuestras palabras, es decir, pensamos justamente contrario a lo que decimos, no hay coherencia en lo que creemos, pensamos y hacemos, es más, hay tanta hipocresía que nuestra palabra ha perdido valor, y mucho más en estos tiempos, que necesitamos de un documento notariado para garantizar que se cumpla, y si una persona o un hermano se acerca con una actitud sincera, de verdadero amigo, nos parece que es cinismo o que nos quiere ridiculizar u ofender, por lo tanto lo desechamos, ya que nuestra maldad es tal que no nos deja pensar correctamente, producto lo que atesora nuestro corazón: incredulidad y pura “MENTIRA”, ya que eso hablamos y eso somos.

Hay quienes quedan esclavos de sus propias mentiras y cuando su hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, su entorno social empieza a rechazarlo, a esquivarlo, a apártalo, ya que los cercanos no soportan las adulaciones, las sonrisas fingidas o las palabras vacías y necias que provienen de su boca, convirtiéndose en personas inaguantables, por eso ES HORA DE COMENZAR a decirse la verdad. Empecemos por Nosotros mismos, reconozca que ha sido un hipócrita: con sus familiares, amigos, conocidos, hermanos, esposa e hijos, pero sobre todo es un hipócrita con Dios, creyendo que al Señor lo vamos a poder engañar. 1 Corintios 5:11 “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”.

El rey David decía: “Escudríñame, oh Jehová, y pruébame; Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y ando en tu verdad. No me he sentado con hombres hipócritas, Ni entré con los que andan simuladamente. Aborrecí la reunión de los malignos, Y con los impíos nunca me senté. Lavaré en inocencia mis manos, Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová” (Salmo 26:2-6). A David no le gustaba la hipocresía, ni andar con los que disimulaban con apariencia, no se reunía con los de corazón malvado, ni con los que no mantenían una conducta santa, es decir aquellos impíos. Sin embargo, para mantenerse limpio y agradable al Señor él tuvo que caminar la verdad de Dios, reconocer que vivía por pura misericordia ya que él fue pecador y se arrepintió de corazón, permitió que el Señor lo examinara, le auscultara su vida y le echara una probadita espiritual, para ver si estaba salado de Dios, con la sal que purifica, sala y preserva, y a la cual somos llamados.

Voy a describir una lista de mentiras que decimos pensando que vamos a engañar a Dios:

1. “Yo no le hago mal a nadie”, “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Nosotros somos buenos, eso es fanatismo): Quien asevere tal afirmación es un atrevido y mentiroso, a menos que se convierta a Cristo o sea revelado por el Espíritu Santo y aun después de convertido, tener temor de Dios porque no hay ni uno solo justo, justo sólo Dios. (Romanos 3:10).

2. “Dios está conmigo”, “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes” (Malaquías 1:6a): lo decimos de los dientes para afuera, pero en realidad andamos en la tibieza espiritual, dañamos la obra con nuestro testimonio, siendo piedra de tropiezo a los bebes espirituales y a los del mundo, estamos montados en la ola donde nos dejamos llevar por cualquier corriente o doctrina, hipócritas espirituales. ¿Y qué comunión puede tener la luz con las tinieblas?, andemos pues con mucho atino no vaya a ser que la luz que hay en mi o en ti, sea tinieblas (Lucas 11:35; 2 Corintios 6:14).

3. “Yo amo a Dios”, “He entregado mi vida al Señor”: pero ante determinados intereses, decisiones, adversidades, compromisos o entrega en el espíritu, me olvido de Dios, simplemente justificamos que tenemos nuestras necesidades o que somos débiles en la carne y que todavía no estamos preparados ¡Hipócritas!! El amor no es interesado. Por eso Jesús decía: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

4. Y así como éstas, podemos hacer una lista larga pero tomaremos unos ejemplos donde me puedo ver reflejado: “Te serviré siempre mi Señor, cuenta conmigo”, “Nunca te dejaré”, “Nunca te negaré”, “Dios me ama así como soy, pecador: fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón”, “Dios sabe lo que hago y por qué he pecado”, “Tú eres mi Señor”, “Tú eres primero en mi vida Señor”, “Yo alabaré y adoraré al Señor por siempre”, “Yo oro mucho y tengo comunión con Dios”, “Todo está bien, chévere, fino”, “Yo soy hijo del Rey”, pero al escudriñar nuestras vidas encontramos que:

  • No soy testimonio del Cristo, me niego a vivir en santidad, soy intransigente con quienes dirijo porque me lo he ganado. ¡Hipócrita!
  • En tarima soy el que mejor predica, alaba o dirijo, pero no quiero ser quien lave los manteles, quien coletee (lampacee), quien barra la iglesia y la calle del frente, quien cuide los carros de mis hermanos, quien limpie los baños o destape las pocetas. ¡Hipócrita!
  • Mi servicio me produce carga o mal humor ya que no me lo reconocen en la iglesia, quiero que me adulen y me exalten. ¡Hipócrita!
  • Vivo señalando a otros sus pecados y soy incapaz de ver los míos. ¡Hipócrita!
  • Oro mal, pidiendo para mis deleites, pidiendo por sanidad de la carne o pidiendo pura vanidad, pero no oro para adorar, alabar, glorificar o dar gracias a Dios por lo que Él es en mí. ¡Hipócrita!
  • Busco más un milagro que al mismo Cristo, no me quiero morir sin ver ninguno. ¡Hipócrita!
  • Me lleno de orgullo y soberbia creyéndome más espiritual que otros en vez de humillarme ante el Señor y pedir perdón al hermano que tanto pisoteé en el pensamiento y en el espíritu. ¡Hipócrita!
  • Me tiro al piso, grito o gimo delante de la iglesia y de los hombres pero en lo secreto, cuando debo buscar del Señor me duermo o distraigo con tonterías. ¡Hipócrita!
  • Externamente me veo muy espiritual pero internamente estoy lleno de ira, enojo, altivez, ignorancia, contienda, crítica, angustia, amargura, decepción o culpa. ¡Hipócrita!   
  • Me hago llamar hijo del Rey, del Rey de Reyes quien se despojó de su majestad para convertirse en siervo, lavándole los pies a una cuerda de pecadores e hipócritas (entre ellos Judas), y fue capaz de entregar su vida para salvar a aquellos que no se lo merecían, solo por amor; y en cambio nosotros no movemos ni un pie, nos conformamos con lo mínimo, no cumplo el rol al cual fui llamado, solo asistimos a la iglesia por apariencia o compromiso, a ver si pego una o para convertirnos en cristianos obesos espirituales, árboles sin fruto, semilla que no muere para resurrección.

Pues desnudemos nuestro corazón ante el Señor y pidamos perdón por tanta hipocresía durante años y arrepintámonos de corazón, dejemos que el quite ese muerto que nos hemos colgado del cuello y permitamos que el Señor sane las llagas que nos han salido por nuestra terca manera de vivir, liberémonos del cristianismo virtual que nos hemos encarcelado a través de nuestra carne y seamos cristianos espirituales.

Oremos: Señor no puede haber sanidad sino hay dolor, es vergonzoso desnudarme ante ti, sabiendo de mi corrupción espiritual, hoy me has revelado que he vivido muchos años engañado por mi alma, he querido hacer de mi vida un holograma cristiano que no te glorifica, solo complace mis deleites banales, gracias Señor por abrirme los ojos, reconozco que he estado metido entre la mentira y la hipocresía, no quiero seguir viviendo así, te pido Señor que sanes esas llagas que me han salido por estar cargando obras muertas que parecieran ser espirituales pero no lo son, ya no quiero ser un hipócrita delante de ti, ni de los demás, Señor un día me salpicaste con tu sangre y me hiciste santo y por mi terquedad me he desviado, te he defraudado, pero Señor no tengo a nadie a quien acudir, solo a ti, tú que eres grande en misericordia, por eso postrado ante ti te pido que me perdones y ayúdame a levantarme; solo, es imposible hacerlo, tu eres mi fortaleza, tu eres quien levanta mi cabeza, guarda Señor mis pensamientos, límpialos de mi maldad para que no cometa iniquidad, para que no peque yo contra ti. Quiero hacer tu voluntad sin hipocresía, con alegría y gozo, pon en mí un corazón sano, que ame lo bueno, lo santo, lo puro, que busque fervientemente estar en tu presencia y nunca se olvide que tú me amaste primero y me trajiste a tus pies para que te fuera fiel. Gracias Padre Santo. Te amo mi Rey. Bendito sea tu nombre. Amén.



[1] Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Hipocres%C3%ADa

sábado, 21 de noviembre de 2020

LA RESISTENCIA AL CAMBIO


“¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡El tiesto con los tiestos de la tierra! Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: ¿No tiene manos? ¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué diste a luz?! Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos”. Isaías 45:9-11

RESISTIRSE AL CAMBIO, es una expresión muy común en las relaciones interpersonales, sobre todo en el ámbito laboral. La resistencia surge cuando se presenta un conflicto, real o ficticio, que tiene lugar entre un Jefe (la autoridad, gerente, director, Padre, Creador, Señor), que decide el cambio, y los actores (subordinados, empleados, asalariados, hijos, creación, siervo) que tienen la responsabilidad de llevarlo a cabo. Pues, la resistencia como comportamiento puede estar arraigada en nuestro espíritu y puede ser entendida y extendida, muchas veces en los espacios laborales, como el ejercicio de poder por parte de la persona subordinada o “sumisa” (siervo) contra otra persona o fuente de poder superior (Señor), quien busca la obediencia como acción para acatar su voluntad, es decir, es pleitear con quien tiene la autoridad y poder de establecer normas, estatutos o leyes.

Es importante entender que la resistencia se produce, generalmente, entre los ejes verticales de mando, en cualquier organización o inclusive en las relaciones familiares, vecinales, laborales, políticas, militares, sociales, religiosas y hasta espirituales, y forma un mal hábito, poca fe, si no es gobernado por el Espíritu Santo. 2 Timoteo 3:1-8 “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres {resistentes} AMADORES DE SÍ MISMOS, avaros, vanagloriosos, SOBERBIOS, blasfemos, DESOBEDIENTES A LOS PADRES, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, ABORRECEDORES DE LO BUENO, traidores, IMPETUOSOS, infatuados, AMADORES DE LOS DELEITES más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad {desobedecen a la autoridad de Dios}; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe”.

Resistencia es sinónimo de oponerse, contrario a obediencia, sin embargo, quien se puede resistir a Dios sin sufrir consecuencias, hay un caso emblemático en la palabra de no resistirse al Señor, en Mateo 8:5-10, que trata de un capitán del ejército romano, un humilde centurión, que tenía la necesidad de rogar e interceder por un criado, quien estaba padeciendo una grave enfermedad siendo atormentado; él lleno de fe {del Espíritu}, entendiendo a quien debía obedecer y no oponerse a la autoridad, dejó de un lado su envestidura terrenal para reconocer la autoridad espiritual de Jesús ante la mirada expectante de los incrédulos y el Señor le escuchó: “Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole {sin resistencia}, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión {con humildad} y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe”; Mateo 8:13 “Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste {y no te resististe}, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora”; ¿Qué hubiese ocurrido si con altivez se hubiese opuesto, sobre todo en su corazón, a la autoridad de Jesucristo? Quizás el Señor no lo hubiese tomado en cuenta, pero eso sólo Dios sabe, pero esto es un punto de reflexión que queda para discernirlo en oración con el Espíritu.

En este sentido, se puede destacar que la resistencia puede adoptar diversas formas camuflándose en nuestro espíritu, las cuales se describirán a continuación, pero vamos a visualizarlas bajo la lupa de la palabra, pidiéndole al Señor que la utilice para penetrar como espada de doble filo a lo más profundo de nuestro ser, que cambie y transforme nuestras vidas hasta que no quede un centímetro de incredulidad, iniquidad e impiedad y mucho menos resistencia que al final es rebeldía ¡Amén!, prosigamos:

a) Resistencia pasiva, es aquella que tienen los hijos que poseen dificultad para asumir la voluntad de Dios por inmadurez espiritual, ignorancia o pereza, hacen solo lo que se le ordena cuando tienen una necesidad, son monitoreados, observados o quizás hay seguimiento de parte de los pastores, mentores o líderes; sus decisiones en el Señor tienden a estar condicionadas, necesitan que los lleven de la mano como niños, porque se niegan a crecer espiritualmente; Hebreos 5:12-14 “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”; Hebreos 6:11-12  “Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos {resistentes}, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.”

b) Resistencia encubierta u oculta, la poseen aquellos hijos de doble ánimo, doble cara, que viven de las apariencias, tratan de manipular la palabra para ponerla a su favor y de manera oculta justificar su condición de pecado porque existe resistencia a convertirse de corazón, tienen rebeldía no manifiesta, porque conocen la palabra, sus caminos en el Señor le parecen una carga difícil de llevar. Santiago 4:8 “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones”; Hechos 3:19 “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”; Hebreos 12:2-6 “…puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo”.

c) Resistencia activa o explícita, la poseen los hijos duros de cerviz, rebeldes, incircuncisos de corazón, razón por la cual no escuchan la palabra ni el consejo por eso llegan a cometer muchos errores, faltas o pecados; caen generalmente en necedad, altivez o soberbia, tratan de imponer su voluntad oponiéndose a la voluntad de Dios y su obra, desean, por lo general, que el Señor se manifieste de manera sobrenatural porque viven de las emociones, de sensaciones almáticas siendo incapaces de someterse a la voluntad del Padre ni sujetarse del Espíritu Santo, arruinando deliberadamente su vida espiritual sin darse cuenta. Hechos 7:51 “¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros”; Santiago 4:6-7a “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios;…”; Nehemías 9:29 “Los amonestaste para que volvieran a tu ley {a tu voluntad}, pero ellos obraron con soberbia {con resistencia} y no escucharon tus mandamientos {tu palabra}, sino que pecaron contra tus ordenanzas, las cuales si el hombre las cumple, por ellas vivirá. Y dieron la espalda en rebeldía, endurecieron su cerviz y no escucharon”.

La resistencia surge por mi condición maldad humana que tiende a imponerse sobre todas las cosas, y como la palabra es contraria a mis pensamientos y el Espíritu trastoca mi posición actual, mi área de confort para llevarme a lugares más altos, entonces se produce una lucha interna entre mi alma y espíritu corrompidos y el Espíritu de Dios, ya que estos tratan de menospreciar lo santo y muchas veces llegan a contristar al Espíritu Santo por falta de sujeción, revelación y entendimiento, sin embargo esta resistencia es en vano, más bien lo que trae es una consecuencia (acción y reacción), disciplina y castigo de parte de Dios, porque su voluntad se cumplirá aunque nos neguemos y nada podemos hacer. Otra forma de resistencia se produce debido al método o forma de trabajo del Señor en nuestras vidas, hay quienes se levantan en contra de Dios porque se niegan a aceptar la conversión, morir a su carne es duro para quienes no les ha sido revelado, nuestros pensamientos adúlteros nos llevan a prevaricar en contra de Dios, e impide decidirnos y devolvernos de nuestros malos caminos. Hechos 6:8-10 “Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba”.

Muchas de las cosas que ocurren, nosotros en nuestra capacidad humana no llegamos a entender porque suceden, y a veces se crea una profunda queja en nuestro corazón dejándonos afectar por las circunstancias, la adversidad que se presenta o la prueba más que esperar confiadamente en el Señor, siendo prácticamente inevitable que estos elementos atraigan toda la atención, nos distraigan y lleven a descuidarnos realmente de lo que verdaderamente es importante. Santiago 1:2-4 “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”; Efesios 6:13 “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

La decisión final de resistirse o aceptar el cambio, lo que el Señor tiene dispuesto para nosotros, es personal, de cada hijo de Dios, Él no obliga a aceptarla, sin embargo la voluntad del Padre no dejará de cumplirse en nosotros aunque queramos huir, tarde o temprano se cumplirá, como le paso a Jonás, que se negó a ir a Nínive a llevar la palabra de Dios, la palabra de salvación porque en su parecer esa ciudad no merecía la misericordia de Dios, por lo cual padeció enormemente por su desobediencia, tuvo que ser tratado duramente, hasta que se rindió ante el Señor y fue a cumplir con su llamado; Jonás 1:1-3 “Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová”; después de acá el Señor envió una tormenta, mando un gran pez para que se lo tragara, lo vomitara, no hizo padecer debajo de una calabacera para que entendiera que era absurdo resistirse a su voluntad; Jonás 3:1-3a “Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová…”

REFLEXIÓN:

La lucha no es contra carne ni sangre, si hemos de resistirnos, que sea a los principados, potestades y gobernadores de tinieblas de este mundo, contra las huestes espirituales de maldad de las regiones celestes, a nuestra carne y al mundo, ya que satanás y sus socios se encuentran como león rugiente buscando a quien devorar, es por ello que debemos velar, orar en todo momento buscando de la presencia del Señor, invocando al Espíritu Santo, convirtiéndonos de nuestros malos caminos, permaneciendo firmes, sobrios, santos, dignos para que no tengamos de que avergonzarnos, y Él promete que, si no nos resistimos, oirá, porque es un Dios de amor, llenó de paz y misericordia; y perdonará y sanará nuestras vidas, ya que no quiere que ninguno se pierda, así es su justicia y su voluntad. 1 Pedro 5:8-11 “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”; 2 Crónicas 7:14 “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”; Santiago 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” ¡Amén!...